Monday, December 19, 2016

EDIFICANDO EN LA ROCA



































Después de mucho tiempo rogando por un computador nuevo para poder desarrollar y avanzar con este trabajo tanto en Internet como en mi poesía y escritos, finalmente puedo agradecer a Dios por haber escuchado mi oración, por haberme enseñado a través de este proceso que me encuentro viviendo, cosas que jamás olvidaré en todo lo que resta de mi vida, por lo definitivamente valioso, porque el recurso valórico con el cual estoy emprendiendo el presente, ha venido a inyectar de fuerzas no solo mis creencias, sino que también, la convicción profunda que tengo en este instante con respecto a todo lo que aún me falta por hacer en bien de lo que me ha sido encomendado por Él.

Cuando debí abandonar la ciudad de Valparaíso por causas que dieron origen a la ruptura de mi vida familiar; porque una separación implica además separarse de los hijos, en el caso de los que tenemos que abandonar el hogar, por eso la separación la defino como separación familiar; sabía que vendrían días difíciles, complicados, en todos los aspectos y bajo cualquier circunstancia, entonces el futuro no se veía bien para mí, a penas podía dimensionar lo enorme a lo que debería enfrentarme, mientras observaba por la ventana del bus que me desplazaba hacia Santiago, todo ese bello paisaje que uno puede advertir inmediatamente que el Bus comienza a acelerar su marcha hacia la capital.


No obstante haber vivido ya muchos años, haber pasado muchas y variadas circunstancias manteniendome firme, no podía comprender, creyendo en la vida familiar y en la fidelidad que le debía a mi esposa, que esta situación me habría de tocar, para nada, no estaba ni en mis peores sueños una situación tal como la que he tenido que vivir en este año que se va, aún cuando la experiencia dice otra cosa y por lo tanto, la advertencia está siempre delante de uno como una luz roja de un semáforo que permance encendido toda la vida, hasta cuando nos vamos con el Señor. Parece evidente pero no es así, hoy he aprendido que nada en la vida es tan evidente, que el haber amado intensamente y con respeto, dando honra y dignidad a la que fue mi compañera de tantos años, esto no sirvió para impedir que ella decidiera romper con un vínculo tan hermoso y fuerte como es el vínculo del amor entre un hombre y una mujer, y Dios sabe con que intensidad y cariño lo asumí, tan fuerte que Dios nos dió la más bella bendición de traer al mundo, a dos pequeños hijos que hoy día están muy lejos de mí, y no por la distancia física, porque para el simple y poco entendido de la vida humana y del dolor que conlleva todo este tema, ¡... uno toma un Bus y parte a Valparaíso, problema resuelto ...!
Pero no es así, la verdad es otra, la distancia de la que hablo, es una mucho más intensa que la distancia que hay entre el sol y la tierra, la tierra y los planetas, te pasas gran parte de este tiempo solamente observando, mirando y buscando en las noches estrelladas el sonido y el vibrar de sus voces, intentas cualquier cosa que pueda hacerte sentir que aquella distancia, simplemente no existe, pero nuevamente la realidad y la verdad nos dice otra cosa, se fueron, no están, y te debes armar con esa realidad a cuestas, debes ser capaz de sobreponerte a todo y salir de esa posición tan difícil en la que te encuentras, de otro modo te quedas allí, por lo tanto, hay que tomar decisiones, cueste lo que cueste.

Muchos que no desean verte triste, incluidos tus más grandes amigos, te dicen que todo va a pasar, que el tiempo al final se encarga de hacer cosas realmente increíbles con nuestras vidas, y en ello, yo creo que tienen mucha razón, porque la verdad es que así ha ocurrido conmigo, solo el tiempo, dirigido por Dios, y no solo el tiempo de minutos y horas, sino, el tiempo de Dios, el de sus procesos, me ha ayudado a ir lentamente comprendiendo lo que me sucedió y por su puesto, sacar las inequívocas lecciones que nos han de seguir a todos lados como nuestras propias sombras, siempre, para nuestro propio beneficio. No obstante, pese a que no estoy totalmente curado de esta dolencia en el alma, estoy muy consciente que he avanzado, que todos los pasos dados y el tiempo invertido en mi vida, ya está dando sus frutos, y por lo tanto, puedo estar seguro de una cosa, y es que si Dios pudo conmigo, también puede con cualquiera que esté pasando por algo semejante o igual a lo mío, porque yo creí que no iba a poder con esto, que mi mundo llegaba hasta allí, que el mar se cernía con toda su fuerza sobre mi existencia y no tendría las energías para salir de una situación como esta.


Pero Dios siempre nos sorprende, Dios es creador y por lo tanto, quienes aguardamos y confiamos en ÉL, no podemos esperar respuestas obvias a nuestros problemas, El Creador y Sustentador de nuestras vidas, sabe cómo reparar la obra que Él un día amó con toda Su Bendita Alma y tomó para sí, de modo que nuestro carácter, pueda ser influenciado poderosamente por el de Él, y que aquella respuesta que estábamos esperando, o a lo mejor ni siquiera esperando, nos sorprenda de tal forma que nuestras fe, se parezca más a la de Abraham, por lo dinámico, por lo poco predecible, que a la de muchos que ya desertaron porque creyeron que sus vidas terminaban con su dolor, es precisamente, la forma en que Dios actúa en el ser humano lo que me llena de fuerzas y deseos en este momento, el cómo hace el Señor para mantenernos con expectativas en un mundo en donde todo primeramente se debe tocar, se debe palpar, en donde hay que sentir primero, hay que dejarse seducir, lo que me ha mantenido mayormente luchando a pesar de todo lo doloroso de este tiempo que me ha tocado vivir.


Lentamente me he ido concentrando en lo que Dios quiere, y no en lo que he perdido, porque al final, cuando decidí realmente que ya debía dar pasos importantes en todo esto, fue cuando reconocí que no volvería a tener nunca más ese maravilloso hogar que formábamos mi esposa y nuestros hijos, y por su puesto, todos aquellos que alguna vez fueron y disfrutaron de ese calor en nuestra casa. Comprender que hay cosas que nunca más se van a poder recuperar, es una decisión que uno debe tomar con mucho valor, porque de no hacerlo, solo se está edificando sobre algo tan frágil que solo una brisa puede derribar, en cualquier momento, y si uno va a continuar viviendo, y desea hacer girar las aspas del molino de su vida nuevamente, entonces no te queda otra cosa que asumir, asumir tus errores, tus negligencias, tus deserciones, en fin, son las personas de carne y huesos como nosotros los que nos equivocamos, no los perfectos, ellos suelen descargar todo en el otro, de tal manera que ellos puedan quedar impunes, sin conflictos valóricos ni morales, menos espirituales, porque al final, lo de Dios se pierde, igual como se pierde el sol sobre la línea del océano, y no vuelve jamás a brillar de la misma forma, porque no dijiste la verdad, porque no fuiste honesto tal vez contigo mismo, porque te mentiste, y ello, hoy día tal vez, no le permite a tu vida dejarte socorrer por un Dios que para ayudarte a levantar, necesita que reconozcas tus errores en primer lugar, y después, Él comienza a darte luz para que tu vida, no quede atrapada en el recuerdo sino, que con aquella intervención divina en nuestras vidas, algo que no comprende la ciencia con todo lo que tiene, te puedas valer y finalmente continuar con lo que tienes que vivir.


El dolor de perder a nuestros hijos y a nuestras esposas es incomparable, el dolor de no tener el hogar en donde uno lo dejó todo para que las cosas no resultaran de este modo, también, no, no hay morfina para esta clase de dolor, para la enfermedad que me aqueja, tal vez sí, pero para esta clase de dolencia en el alma, jamás, solo cuando nos damos cuenta que la única persona que nos puede ayudar en tales circunstancias es Cristo, solo allí comienza al menos, como una intención honesta de parte de nosotros, la verdadera recuperación, no antes, primero tenemos que dejarnos trabajar por Él, debemos aprender a asumir costos, no a escapar de ellos, ni tampoco de las responsabilidades, para ello es que el Señor también vino a este mundo, para dar toda su ayuda a quienes la necesiten, no a los perfectos, no a los que culpan o desean culpar a los demás de las cosas que hicieron ellos, para esa clase de seres humanos, Cristo no tiene sentido, las bancas de un templo católico, pentecostal, bautista o lo que sea, son solo eso, nada más que bancas, y por lo tanto, para estas personas, ni la redención tiene sentido, ni tampoco el valor que tuvimos algunos para aceptar, que a pesar de la inmensidad de la pérdida y el dolor, Cristo nos da la fuerza para ponernos de pie, y de esta forma, poder continuar dando la batalla, siempre con el fundamento de la verdad delante nuestro, dando sustento a nuestra vida tanto valórica como espiritual.

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