Tuesday, January 03, 2017

LA SOMBRA SINIESTRA DE LA IRRESPONSABILIDAD NUEVAMENTE.


Una vez más Valparaíso bajo la sombra siniestra de un incendio atroz que deja una gran cantidad de compatriotas sin hogar. Parece ser un sino, solo basta que el viento sople y las condiciones meteorológicas se den para que la desgracia nuevamente, golpee las puertas de tantas y tantas familias que viven en las poblaciones más periféricas de este gran Valparaíso.
Es triste ver cómo tantos seres humanos de un momento a otro, pierden todo lo que cuesta conseguir con tanto esfuerzo, con una tenacidad tan grande que a veces raya incluso en lo heroico, considerando que muchos políticos en mi país, se han hecho millonarios gracias a la mal llamada “democracia”. Parece ser que el sufrimiento humano se haya instalado en nuestras sociedades y no parece que desee abandonarnos. Son muchas las formas en que el hombre sufre en este mundo, muchas las maneras en la que la propia naturaleza a veces nos infringe sus mayores padecimientos, nos movemos, construimos nuestras realidades, crecemos, creemos avanzar, y allí nos establecemos, no obstante, siempre está presente el orgullo y la soberbia humana, la cual se manifiesta en estos tiempos a modo arribismo, de una forma de ser que se haya intrínsecamente relacionada con el materialismo, el cual, como filosofía de vida, refleja el desproporcionado itinerario que siguen nuestras vidas, y de cómo la vida del alma y del espíritu a veces, no parece contar con los mismos cuidados ni intereses que le damos a nuestro ser externo.
Una vida valórica hoy día no parece tener importancia, para nadie, es más, la vida anti-valórica, parece haber secuestrado nuestra conciencia y la de una nación que no advierte los peligros de vivir a espaldas de Dios. No se trata de religión, de lo que tú o yo practicamos o no, sino, de conciencia, de valores, de qué realmente es importante para nuestras vidas y nuestros hijos que, finalmente, serán los más afectados con nuestras decisiones o nuestras deserciones en el campo de la vida valórica.

Un incendio dejará muchas personas sin casa, sin sus enseres, sus pertenencias, lo viví este año que pasó, no es fácil construirse con lo justo y necesario, más aún si no tienes a mano, como ha sido específicamente mi caso, libros, muchos libros que forman todavía parte de mi arsenal cultural, memoria fotográfica, una cantidad enorme de fotografías que testifican acerca del modo o la forma en que el mundo que nos rodea, afecta esencialmente mi ser interno. Una infinidad de objetos y cosas propias de quienes viven imbuido en una clase de mundo que, inevitablemente, se abre a tu arte creativo de variadas e infinitas maneras.
La gente humilde en cambio, no tiene esta clase de preocupaciones, lo sé, ellos valoran una sola foto, una sola mesa, aquella en la que a diario se desarrolla un sistema de vida que no conocen muchos que para poder vivir, aquí, en este país de tan grandes contradicciones, necesitan grandes y poderosas sumas de dinero para poder financiar una felicidad tan frágil como las casas de nuestros infortunados compatriotas, no hay más, aun así, ellos no carecen de ideas, de sentimientos, de vida valórica, de postergadas y envejecidas necesidades que en los pasillos de un Congreso, absolutamente colapsado de lujuria, no les ofrece jamás ningún tipo de concesiones a la gran demanda de nuestros compatriotas.

Allí se sitúa, a mi modo de pensar, la verdadera tragedia, los culpables de que éstas y un sinnúmero de otras tragedias más, sean parte ya de nuestro corolario “chilensis” de la irresponsabilidad. El caso es que cuando se debe legislar para proteger intereses de empresarios y el poder del capital, que hunde sus poderosas y destructivas garras en el mismísimo corazón del Almendral porteño, la inteligencia y el tiempo no falta, ese mismo tiempo que demanda un ciudadano común para que la autoridad repare algún pedazo de suelo que no permite el paso de personas con discapacidad, y que le es denegado, ahora se transforma en un piso flotante del más deslizante y fluido interés por parte de estos sátrapas ineptos, que le siguen la huella a diario a estos personajes con tal de ser ellos los únicos invitados al deguste de vinos y canapé por montones cuando ellos los requieren.

¿Cómo se puede entender que en un país como el nuestro, hecho de quebradas, construido en medio de matorrales altamente combustibles, con una geografía que nos anuncia a diario que el poder destructivo de alguna tragedia tipo incendio se nos avecina, aún no se haya adquirido aviones, pero aviones para combatir esta clase de incendios, no avioncitos?
¿Por qué la ineptitud de políticos al servicio de la Patria, no responden a este tipo de necesidades?
¿Por qué si ya ha existido antecedente de lo destructivo y peligroso que es para la vida humana este contexto, no existe ningún tipo de vigilancia, medios, infraestructura, y todo lo que concierne a una realidad acentuadamente peligrosa como la que viven tantas regiones de nuestro país?

Es allí en donde mi crítica apunta, a la ineficacia de poseer un poder legislativo, una cantidad enorme de ineptos energúmenos que solo piensan en ellos, alimentados por un Estado inerte, valóricamente, un Estado que no piensa ni reacciona sino, contempla, lo otro lo hacen los chilenos de buena voluntad, los que después de las tragedias, hacen lo inhumano con tal de asumir el costo de ayudar a quienes lo han perdido todo. Pero ellos, los de las cúpulas políticas, los castrados intelectual y espiritualmente, no advierten nada, no son capaces de impedir a lo menos, un par de años aquí en Valparaíso, que se gaste una millonada en “fuegos artificiales” y con ello, comprar o dar de pie por un par de aviones que puedan detener el avance del fuego. Allí somos un país pobre, nos falta dinero, no tenemos los medios para algo tan grande, no se puede simplemente, pero cuando hay que subir sueldos y dineros destinados a los viáticos de esta manga de parásitos, ahí sí que la inteligencia media aparece, no más inteligencia sino, la media, y resulta, siempre.

Así que los pensamientos te llevan a definir cosas, porque está claro, incendios siempre ha habido, y los seguirá habiendo, entonces, alguien se beneficia con este tipo de tragedias, a alguien le importa que los sobrevivientes a este tipo de desdichas, tengan miedo de volver a construir, o que simplemente dejen el lugar y aparezcan los verdaderos interesados que son siempre gente relacionada con los energúmenos, las constructoras, los que hoy día cortan y cortan árboles en nuestro país para sembrar condominios y convierten la tierra de todos, en la de unos pocos. Hasta allí puede llegar la codicia disfrazada de servicio al país, hasta ese punto la miseria humana puede infringir el más certero y duro golpe, los encargados de vigilar, de ser los ATALAYAS de nuestra sociedad, duermen, viajan al Caribe, a Brasil, a Montevideo o Buenos Aires, el tango Argentino tiene un no sé qué, algo que puede hacerte olvidar que la verdadera tragedia se desencadenará, a solo unas cuantas cuadras del lugar en donde debería, moralmente, por Ley, por necesidad, proteger el patrimonio de la Nación que son las vidas y el bienestar de TODOS LOS CHILENOS y no solo de ALGUNOS… pero para eso, hace falta Amor, Amor del grande, y eso mis queridos amigos, eso sí que no creo que exista en ese espacio, quienes viven y asisten a ese lugar, carecen de ese poder transformador que produce la empatía por el prójimo cuando adviertes que tu hermano, se encuentra en un gran peligro, de todos modos la impronta seguirá en pie, y desde luego, la larga fila de personas que lo han perdido todo, absolutamente todo, si tan solo se hubiese previsto, pero como ven, prever, presentir, pronosticar, no está en el itinerario de quienes nos gobiernan y tienen la responsabilidad de impedir que estas tremendas tragedias, sean parte del panorama cotidiano de la temporada de verano aquí, en la ciudad PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.                             

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