Tuesday, August 09, 2011

¡Orad en todo tiempo!






















Esta ha sido una semana durísima, tan dura como los hechos que nos han acontecido y de los cuales, todos los medios de comunicación han dado cuenta. Chile parece hallarse en una encrucijada, histórica, una especie de dilema que no parece tener solución, no sé cuánto tiempo va a durar, ni de qué modo podrían las cosas tomar o cambiar de rumbo. Todo parece indicar que el tiempo comienza a pasarle la cuenta al hombre, al ser humano que niega el propósito por el cual estamos en este mundo, si todas las cosas han de repararse en el Congreso o con Plebiscitos, entonces, ¿para qué el Señor murió y resucitó? ¿Para qué vino a dar su vida en una Cruz? Las sociedades del mundo, evitando todo roce con la verdad revelada, no parecen tener conciencia de las implicancias que tiene el rechazo sistemático del hombre al Evangelio de Cristo, es más, hasta se jactan, por lo tanto, en medio de un mundo que no retrocede frente a verdades tan enormes como las que declara La Palabra de Dios, el síntoma parece ser el mismo para Chile, Inglaterra, Noruega, China, etc., un manto de oscuros presagios tienden a caer como poderosas nubes sobre aquellas realidades que a diario, simplemente no desean oír ni aceptar el mensaje de la Cruz. En tal situación, al cristiano no le queda otra cosa que orar, orar para que los espíritus puedan hallar la calma y de este modo, las naciones del mundo, incluido nuestro Chile, con todas sus medias verdades a cuesta, logre encontrar el rumbo que se necesita para continuar sobreviviendo a todos los conflictos que las circunstancias nos presentan. La oración por lo tanto, se nos ha de mostrar como una herramienta de suma importancia, de mucho y considerable valor cuando vemos que una parte, aunque pequeña de nuestra sociedad, no es capaz de contener sus sentimientos de frustración, y adquiere de un momento a otro, una fuerza tan arrolladora como la que hemos visto, plegándose y diseminándose por las calles de nuestra capital y de otras ciudades del país, para sembrar el terror que ni siquiera los policías de nuestro país son capaces de contener.

Daniel, el profeta, oró fervientemente, y Dios le respondió, él no se dio por vencido, en su fuero más interno sabía que Dios en algún momento, respondería a su oración, y así fue. Por ello es que este ejemplo puede sernos de mucha utilidad ahora que las cosas no parecen estar mejorando, por el contrario, estamos siendo testigos de cómo las sociedades de este mundo se están desmoronando y dando lugar a un tipo de manifestación que siempre termina en violencia y delincuencia. Esta es una de las cosas que está caracterizando a todos los grandes movimientos sociales de nuestra época, es como si gran parte de la gente de este mundo, en especial los que deben sobrellevar el peso más grande de esta vida, se hubiesen puesto de acuerdo para vociferar a las autoridades, que no siempre las personas que viven bajo la línea del progreso, estarán en silencio, por el contrario, aquí están, reclamando, alzando la voz, haciéndose sentir, diciendo al mundo que ya están cansados, agotados de mirar pasar los días y ver tan solo como un pequeño grupo de esta sociedad, es capaz de aglutinar o concentrar la mayor parte de la riqueza de este mundo, y ello no es menor, porque ni siquiera el reaguetón, con toda su poderosa mugre sensual los ha podido detener, se trata entonces de una efervescencia impensada, sin planificación, es más, son familias completas las que han salido a las calles a reclamar, ¿quién los va a detener?

Pero bueno, la oración como decía, es un medio o una herramienta que el Señor nos ha dado a todos los que creemos en Dios, para poder comunicarnos con Él, y de este modo, actuar como intercesores, no sin antes comprender que nuestro sacerdocio, junto con la oración, son y deben ser las armas más potentes con las cuales contamos los cristianos y podemos aportar para que nuestro Chile, y este mundo por cierto, pueda encontrar la senda que el hombre ha extraviado desde hace mucho tiempo atrás. No obstante, por el hecho de actuar sacerdotalmente dentro de esta realidad, ello no nos inhibe ni tampoco nos impide que tengamos a lo menos una visión crítica de la realidad, para nada, somos nosotros, los cristianos de hoy, los encargados de dar a conocer que el planteamiento profético, con todo el rigor de sus demandas, se encuentra en plena vigencia, y que su dinámica, debido al orden histórico que la humanidad está viviendo, pone a la Iglesia de Cristo, en un lugar de privilegio cuando se refiere a denunciar, interceder, predicar, o reflexionar, es el cristianismo el que posee las herramientas tanto teológicas como espirituales, que pueden afectar poderosamente la realidad en la que nos encontramos, es además, una demanda de Cristo, y si Cristo demanda esto de los cristianos, es porque nos entregó también las herramientas, todo lo demás es simplemente “evasión”. Sin embargo, es claro que el Evangelio, o mejor dicho, la forma de evangelio propagado por la realidad económica de la fe actual, con su actitud de exclusividad, y en la cual también caen muchas organizaciones tradicionales del panorama evangélico nacional, las que no han permitido que el germen de la reflexión pueda afectar el alma del cristiano en cuestión, situación que no permite el que, Ministerios como los nuestros, puedan ser ponderados y utilizados por Dios en su justa y verdadera medida. Es cierto, pocos son los Ministros de Dios que permiten un canto que pueda sustraerlos por un rato de todo el pensamiento hedonista en que se encuentra el cristianismo protestante, sin embargo, y para ser justo, toda vez que tengo la posibilidad de ofrecer mi humilde ministerio a los siervos de Dios que dirigen congregaciones, no ha sido todo lo negativo que pudiera pensarse, es más, he sido oído, y bendigo a Dios por ello.

Las instituciones cristianas tienen por lo tanto, a mi modo de ver la realidad, una enorme responsabilidad en las cosas que están aconteciendo en este momento en nuestro país, la función sacerdotal no se puede limitar a aspectos específicos como son el funcionamiento de cada organización, la madurez del cristianismo protestante debería manifestarse en la forma como asume su rol profético y en la integridad como aborda su compleja situación de intercesor. Muchos cristianos en el día de hoy, no desean tomar o asumir roles sacerdotales, es más, muchos ni saben de qué se trata el tema, en ello, existe una evidente inmadurez, falta de conocimiento incluso, el evento histórico en cual está sumida la sociedad chilena, necesita de esta poderosa herramienta para que nuestros hijos, repartidos dentro de todo este sistema, también reciban el tratamiento que merecen de parte de los que gobiernan. El Estado, como es sabido, debe asegurar que la Educación del pueblo sea acorde al tiempo y a las demandas que le son impuestas por un mundo totalmente afectado por la globalización, ya no podemos esgrimir como excusa, que la educación de nuestros hijos no merece la importancia que hoy día los propios actores le han dado, por el contrario, las últimas marchas nos han suministrado un tipo de visión que no habíamos advertido antes, la aparición de familias completas dentro de las marchas, nos hablan de que el tema de la Educación en Chile ya se instaló desde hace mucho tiempo dentro de la esfera de la familia, hecho que viene a demostrar la tremenda importancia que debe tener para los propios actores, el que la familia chilena ya no se quede en casa viendo programas de farándulas o de entretención, mientras sus hijos salen a defender y a luchar por un problema que ya dejó de ser de unos pocos para convertirse en nacional.

Por lo tanto, mi deber como Sacerdote y Ministro de Dios, es hacer un llamado, un llamado a todos los cristianos a sumergirnos en la oración, con propósito, con un destino común, con una profundidad en Cristo, que si bien los políticos no ha asumido el rol que históricamente el pueblo a través del sufragio les ha enmendado, es la hora y el momento para que las cosas en nuestro Chile comiencen a cambiar, y para ello, todos tenemos que asumir alguna cuota de responsabilidad, y cuando digo todos, estoy diciendo que también incluyo a los medios de comunicación, y dentro de ellos, a todas aquellas personas que son las encargadas de dar vida a las líneas programáticas de los canales abiertos de televisión, por su marcado apego a la mediocridad intelectual que promueven programas basados en vidas de personas que no tienen absolutamente nada que ofrecer ni representan además, a la inmensa mayoría de adolescentes, jóvenes y adultos que deseamos un mejor Chile para nuestros hijos, no puede ser que gran parte de nuestros canales abiertos dediquen largas horas de programación a la simple disección de vidas que no dicen nada. Todos por lo tanto, todos tenemos algo que hacer para que el Chile que vamos a construir, de aquí en adelante, sea más justo, mucho más inclusivo, otro Chile no necesitamos, de lo contrario, tendremos que conformarnos, y tal vez, muchos querrán la conformidad para evitar el roce con la verdad, es más consensuado, menos cruel tal vez, sin embargo, por el hecho de invitarles a orar e interceder por nuestro país, ello no me impide tener mi propia visión de la realidad, pues creo que en lo profundo de mi alma, anhelo tal vez algo imposible, imposible de realizar, como desear para mis hijos un mundo mejor, más justo, no obstante, no voy a orar pensando que es imposible creer que todos nos pongamos de acuerdo por un momento y creamos que el problema de nuestra sociedad chilena nos incumbe a todos, por el contrario, oraré pensando que todos, incluidos los detractores de la fe, por un acto de suma humildad, vamos a ser capaces de ceder y poner por sobre nuestros propios egoísmos, el verdadero interés que nos vincula y nos compromete a comenzar, desde este mismo momento, a dejar de ser los niños que siempre fuimos para liderar una sociedad que sin la ayuda de Dios, simplemente, se desvanece.

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