Saturday, August 14, 2010

Ayudando a construir disidencias.



















Para disentir entonces hay que tener, en primer lugar, amor por lo que uno piensa y cree, mucho amor, y luego, tener la convicción absoluta de que una batalla, por muy difícil que sea, es posible ganarla si es que a diario estamos dispuestos a dar una lucha que nos mantenga despiertos durante toda la jornada, porque desprenderse de esto podría ser fatal para alguien que pretende significativa empresa, más aún cuando la sociedad, acorralada en esta triste encrucijada de la oferta y la demanda, parece estar siendo pasada a llevar en todas y cada una de las más férreas defensas con que contamos los seres humanos, para defendernos de estos crueles y enigmáticos enemigos que nos trajo la modernidad. Pero el sistema, carente del recurso que nos brinda La Palabra de Dios, pretende, con su obcecación, hacer como que si nosotros no estuviésemos presentes, como que si fuéramos capaces de tragarnos y de digerir, sin hacer un mínimo de esfuerzo en lo concerniente a lo que pensamos, todo lo que ellos nos dan y nos ofrecen, incluso dentro del propio ámbito del cristianismo, ya sea a través de la mercadotecnia, el marketing o las comunicaciones, muy en boga por estos días en el marco de la llamada restauración de la Fe, que no es otra cosa que un volver la espalda a Dios a través de un acto indiferente a lo que dice y declara la propia y siempre Bendita Palabra Eterna de Dios. Nada de eso, para gente como nosotros, que acostumbramos a navegar contra la corriente, que a solas debemos sobreponernos frente al fracaso y sin tener que apoyar nuestras vidas sobre las poderosas manos de algún futurista emisario de la ruin y procaz mediocridad espiritual, el arte de la constancia es una costumbre aprendida y en curso, porque no desconocemos el precio que otros tuvieron que pagar para llegar a donde llegaron, teniendo conocimiento que algunos ni siquiera lo lograron, aún así, lo intentaron, dejándonos un ejemplo que a diario nos conmina a seguir luchando, invariablemente.


Pues bien, el no estar de acuerdo no implica lo que la realidad espiritual pretende dibujar sobre nuestros cuestionamientos, oponerse, en muchos de los casos significa, saber que por lo que luchas en esta vida, ya no quedan muchos en el mundo dispuestos a dar ni siquiera una insignificante batalla, es decir, te encuentras solo, o por lo menos, eso es lo que parece ser o desean hacerte creer, por lo tanto, te debes acercar con todo tu corazón y toda tu alma, al Único que puede fortalecerte y darte la claridad suficiente como para poder enfrentar la realidad, sin perder en el intento, esa antigua y bendita disciplina que llamamos valor, y que junto al coraje, nos ayudan y fortalecen para continuar a diario con esta itinerante e interminable jornada de hechos tan humanos sobre nuestras espaldas, como son las heridas que te deja la vida, como son el cansancio y la fatiga que te deja el haber dejado todo en tu trabajo, Cristo, el Bendito, es el Único que puede aliviar el peso de todas nuestras cargas, sobretodo cuando ya tienes claro que los objetores de la forma en que ves y sientes la realidad, serán capaces de apuntar y de disparar incluso en donde tú te encuentras, y lo más probable, en donde más te duela, sin importarles si estás solo o acompañado, si es que estás herido o adoleces de algún tipo de mal, ese no es el problema. Ahora bien, dentro de la esfera espiritual, es posible que el dolor que te provoque la verdad que te ha sido encomendada, traspase incluso los linderos de tu propia existencia, que de un momento a otro te sientas sobrepasado, solo puedo decirte que debe ser así, no hay otra forma, ello significa entonces, que de a poco, la propia vida espiritual, debe comenzar a tomar la forma y la fuerza de una inconmensurable ola que muy pronto ha de llegar hasta las mismas orillas tal vez, de tu propio mar en calma. Esta precisión por cierto, no se logra dentro de una catedral, créanme, no es así, tampoco leyendo a los más ilustres representantes de la mediocridad espiritual actual, esa puntual y rigurosa claridad solo se logra, sepultando en las mareas del olvido, y contra toda probable deserción, ese orgullo típico de aquellos que piensan, que por ser cristiano y poseer, como una perla de sumo gran precio entre tus manos, la última pomada de algún cantante o predicador de moda en envoltorio de DVD, nada de lo que pasa en este mundo en el que todos traficamos, podrá tocarte.


La ingenuidad toma entonces la forma de un gusano, la de un pequeño e insignificante invertebrado que pulula entre la tierra y el barro, convirtiendo la vida de nuestros congéneres, en vidas llenas de temores y claustros que se adueñan de todo lo que ellos pretenden llamar, “vida en abundancia.” Pero como aún son capaces de discernir lo que sus naturalezas le permiten, es obvio que siempre hayan a sus iguales, sin importarles si aman o no de verdad a Cristo, si es que están dispuestos a vivir o morir por Él, total, ellos piensan que este mundo es demasiado grande como para que Dios los haya hecho dueños de una verdad que nadie tomó en cuenta, y que podría cambiar el destino de muchas vidas si ellos asumieran el verdadero costo de ser hijos de Dios en medio de un mundo que prácticamente se cae a pedazos, porque el mundo para ellos, termina siempre a la salida del templo, desde allí objetan y son capaces de predecir el destino final de esta tierra, sin conocer ni haber compartido una sola vez en sus predecibles vidas La Palabra de Dios, a una de esas pequeñas mujercitas que para ganarse un par de pesos en la vida, tienen que ofrecer sus cuerpos todos los días en alguna esquina de este mundo. Allí, montando los jinetes del orgullo y la soberbia, dan fechas, dictaminan formas, hacen variadas conjeturas, sin embargo, nunca se les ve en alguna calle a diario, entregando aunque sea, una mínima palabra que pueda hacer cambiar los corazones de una humanidad que hoy se encuentra naufragando. Esa clase de seres humanos pretende estar gobernando las conciencias y vida de muchas personas, algunos los aceptan, pero otros, como nosotros, optamos decididamente por la franqueza, nos oponemos a ser estrujados y utilizados como objetos por una forma de cristianismo que se escapa a toda expectativa profética y escritural, disimulando con descaro que su único y final propósito termina en los bolsillos de quienes aprecian y valoran lo que jamás logrará parecerse siquiera un poco, a la única verdad verdadera, La Palabra Bendita de Dios, ni siquiera disimulando, ni siquiera sonriendo, porque son muchas las diferencias, muchas las objeciones que existen sobre este plagio, el cual termina siendo una muy mala copia del verdadero, careciendo por completo de percepción y discernimiento para ver que las cosas en este mundo, van mal, muy mal, sobre todo cuando la misma cristiandad no hace lo que debería, escudándose detrás de toda esa cultura que envuelve cual capullo, a miles y millones de seres humanos sumidos en la religión de la indiferencia que provoca la certeza de saberse finalmente, salvado por Cristo, sin pensar en los demás.


Esto mismo es lo que me hace pensar a diario, que quienes leen mi blog, son personas como yo, seres humanos que se cansaron de lidiar con mentes que jamás tuvieron el valor de abordar la existencia como debe ser, con todo lo que uno tiene, con todo lo que tus manos sean capaces de hacer, desde un tejido hasta un vestido, desde hacer un almuerzo hasta reinventarse para que ni tu alma ni tu mente queden expuestas al tedio de la vida sin propósitos, esa es la gente que creo, finalmente, la que de verdad hace algo por la redención de las almas, la que es capaz de dejar grandes cantidades de tiempo para que “otros”, y “otras personas”, puedan encontrar en este desolador panorama, el sentido que Dios quiso darle a la vida que Él mismo nos entregó, ellas y ellos son capaces, con mínimos recursos, con muy pocas posibilidades, de darle un golpe a esta vida sin provocar ni siquiera, un daño mínimo a sus semejantes, y por el contrario, hacer que de la Roca a diario, brote el agua pura que finalmente ha de limpiarnos y saciarnos.


Yo escribo entonces para esta clase de personas, no para lo que no son capaces de crear y defender sus propios sueños, pero debo reconocer, que a pesar de la experiencia que me han dado los años y todo lo que ha producido Dios en mi vida, muchas veces en la vida me he cansado, porque con solo tener que sobrellevar una enfermedad como la mía, sería razón suficiente como para detenerme y quebrar en mil pedazos los sueños que aún no he cumplido, pero no ha sido así, y de eso debo dar gracias al Dios que me ha impulsado a seguir luchando, porque estoy convencido de que cuando Dios toma por completo la vida de cualquier ser humano, la posibilidad de fracasar, disminuye ostensiblemente si todas nuestras necesidades y capacidades se hayan al servicio de su gran Amor, es inobjetable, por ello, creo además, que las personas humildes de este mundo, aquellas que son capaces de depositar toda su confianza en el Señor de La Misericordia sin dudar un solo momento en su Bendita Providencia, son las que más podrían hablarnos del milagro, porque a diario deben buscarlo, es decir, aunque en teoría parecieran carecer de fundamento, la fe que ellos practican, no tiene en absoluto, todas aquellas prótesis que la cristiandad actual necesita para sobrevivir, no señores, ellos, en forma totalmente natural, nos hablan de una dependencia absoluta, de una irrestricta convicción que ya casi ha desaparecido de las grandes Instituciones religiosas que solo viven para engordar y jamás pensar en sus propias y sofisticadas falencias.


En este aspecto me quedo entonces reflexionando, en las vidas que ocurren y pasan a diario en mi entorno, porque muchas de ellas parecieran estar sacadas de algún pasaje de La Biblia, pero como suele sucedernos de continuo en la historia, nuevamente pasarán desapercibidos, absolutamente inadvertidos, como El Señor Jesucristo para los grandes historiadores de su época, así se irán agrupando en mi memoria, cada una de ellas, hasta dar forma a una gran cadena, hasta que yo mismo forme parte de esta gran y laboriosa columna de personas que el propio mensaje de Cristo, no pasó como si nada por las vidas, dejando una huella imborrable e imposible de destruir, aún con el paso de los años y sus desastrosas consecuencias cercando nuestras conciencias. Finalmente, el más íntimo pensamiento que hoy me acerca y me doblega ante Su Gran Amor, renueva mis fuerzas y me vuelve mis pies como de siervas, como si mi alma volviese a llenarse de bellas y nutridas esperanzas que nunca antes conocí, pero ello no me deja indiferente, para nada, sé que cuando Dios nos da esta clase de sentimientos, es para que seamos capaces de transmitir no solo el mensaje de Su Palabra a quienes aún no la conocen, sino, para desear y compartir a nuestros propios hermanos en Cristo, una nueva y renovada esperanza que nos haga revalorar el sentido que busca Su Amor al llenar nuestras vidas, aún decididas a seguir en esta persistente pero integradora lucha del Amor, por su verdad.

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