Friday, September 10, 2010

El mismo Señor con voz de arcángel...






















Así que, pretenden, muchos de ellos, pasar inadvertidos, hacer como si las cosas ocurren porque si, que el estilo de vida adquirido por ellos no tiene ninguna influencia en las decisiones de Dios, y si es así, entonces, ¿para qué predicamos el Evangelio, para qué le damos tanta importancia a unos escritos añejos y casi en desuso por las castas de la realidad apóstata actual? Es que el curso de los acontecimientos no nos dejan escapatoria, no nos permiten acceder a vías alternativas que nos provean de alguna evasiva al gran Llamado de Dios, es lo bíblico y transversal, es lo que La Palabra establece para nuestras vidas, lo irrenunciable, ¿somos o no pueblo de Dios? Y si lo somos, ¿afectan o no nuestras convicciones o nuestras deserciones en el campo de la vida espiritual y valórica de la nación en donde nos encontramos viviendo, aunque nuestra ciudadanía se encuentre en el cielo?


El caso es que sí, de todos modos, no existe lecturas paralelas para una condición que Dios ha determinado desde su infinita Soberanía, es más, por mucho que se esfuercen los cantantes de moda cristiano, en petrificar la realidad espiritual convirtiéndola en una especie de sonambulismo espiritual más que una propuesta de reflexión, la situación es que, aunque lo pongamos en duda, todas y cada una de nuestras acciones en el campo de la vida espiritual y valórica, tienen profundan repercusiones en lo que respecta al orden de los acontecimientos, eso es lo bíblico, eso es lo que nos concierne, de otro modo, el cristianismo carecería de la fuerza que le imprime su condición profética y contextual, y por lo tanto, nos encontraríamos en la misma plataforma que cualquier otra filosofía de vida de la contingencia, sin bases sólidas para proclamar verdades inobjetables a los cuatro vientos, sin argumento para confrontar la incipiente decadencia de nuestra sociedad en aspectos primordiales como son la vida valórica y espiritual. Toda vez que la cristiandad ha querido amoldarse a los parámetros que le impone la sociedad en cuestión, allí es justamente cuando sale más mal parada, la decadencia es total, en muchos aspectos, disminuye ostensiblemente el nivel de importancia en cuanto al uso y puesta en práctica de la verdad expresada en La Palabra de Dios, aparecen los sensuales que dan rienda suelta a todo tipo de manifestaciones que intentan suplantar en importancia, la enseñanza y el equilibrio que proporciona la condición pedagógica en la que debería establecerse gran parte de la realidad del Reino. Es infinita la gran cantidad de desvirtuaciones que se dan a luz cuando los cristianos abandonan el espíritu profético, no sólo se deja expuesta a La Iglesia como ente reflexivo, sino que además, le proporcionamos al sistema, un campo fértil y abierto para establecer en él, toda su mugre en forma de relativismo, nihilismo, o como se llame, el caso es que el cristianismo, como herramienta espiritual y contextual, no puede ni debería acceder con tanta facilidad a los arquetipos que la sociedad le impone, La Palabra lo prohíbe, La Palabra de Dios, no la de los profetas de Prosperidad, expresamente advierte de los peligros que se ciernen cuando la mirada del cristiano apunta a la sensualidad con que las ofertas de la economía, parecieran estarlo catapultando al más absoluto éxito en el campo de la vida material, cuando de verdad lo que está ocurriendo, es que el propio cristiano no ha sido capaz de entender, ya sea por desconocimiento o porque simplemente no lo ha querido aceptar, que Su Llamamiento, debería estar afectando la vida de otros seres humanos con la verdad de Cristo, y no el sistema debilitando el poder salvador y redentivo que él sobrelleva en una verdad que pasa prácticamente inadvertida cuando se trata de comprar, vender, o simplemente, subsistir.


Lenta, pero con una voracidad infernal, nuestras vidas van disimulando el efecto que pone sobre nuestras realidades la aceptación sin ninguna clase de objeción, el modelo que nos implanta el obsceno sistema de la ingesta habitual, no damos ninguna clase de lucha, no confrontamos, habría que preguntarse por qué, por qué no tenemos capacidad de reacción, cuando creemos tener el mismo Evangelio que predicara Jesucristo hace dos mil años atrás, inyectándonos a diario de vida y esperanza en nuestros corazones. Una prueba de ello, es que en el verano pasado, tuve la ocurrencia de escribir algunas cosas relacionadas con la vida valórica de nuestro país, de cómo la conciencia del cristiano ha ido perdiendo cierta sensibilidad para advertir algunos peligros que podrían implicar en fuertes llamados de atención de Dios para hacernos volver a lo que nos corresponde, dicho de otra manera, en mi modo de pensar, no tuve otra alternativa que afirmar, luego de la visión de Haití, que nuestro país era el próximo punto en donde la naturaleza habría de imprimir su poderosa huella digital. Y fue así, pero nadie ha escrito algo para preguntarse con que certeza uno puede afirmar cosas de tanta importancia para la vida espiritual y valórica, nadie me ha enviado ni una sola línea preguntando en qué estaba pensando o de qué modo Dios me habló a mi corazón para advertir a los que leen este trabajo, de lo que vendría a nuestra patria, eso indica varias cosas, primero, que cuando leemos, no lo hacemos con convicción, por lo tanto, nuestra capacidad de retención se torna nula si se trata de elementos tan estructurales como la profecía, luego, y lo que es más dañino, es que simplemente estamos leyendo lo que nos conviene, lo que no, lo desechamos, pensamos que aquél que tiene un punto de vista adverso o distinto al de la mayoría, se encuentra en una postura solo de confrontación personal, pero nunca porque Dios lo ha determinado así, entonces, los que escribimos desde la disidencia, perdemos el tiempo, estamos, como buen chileno, “pintando el mono”, y como yo no creo en esas patrañas, mi disidencia adquiere cada día mayores propósitos en el campo de la vida espiritual y valórica, solo así tengo fuerza suficiente como para seguir combatiendo contra la deslealtad en la que vive hoy la cristiandad instrumentalizada y erotizada.


Muchos Ministros de Dios, capaces incluso de convencer a quien no tiene siquiera llamamiento, llaman o rotulan a estos grandes movimientos del siglo actual, Mover de Dios, por supuesto quienes no concuerden con ellos se hallan fuera, prácticamente son tratados como rebeldes, porque son ellos los que manejan las condiciones, son ellos los que tienen el poder de decidir qué o en cuáles cosas debemos creer, por lo tanto, la figura de tales ministros pasa a convertirse en estructuras monolíticas que no admiten ninguna clase de interrupción o comprobación, Chile está lleno de “ministerios” que cuelgan de la nada y subsisten gracias a la personalidad del que los guía más que a la profundidad con que es tratada La Palabra de Dios, incluso, me atrevo a decir que jamás, pero jamás Dios ha usado a varios de ellos para advertir al pueblo de alguna desgracia por venir, es más, sé de uno que profetizó que venía a Chile un gran terremoto pero que a la ciudad de Concepción nada le iba a ocurrir. Así no se puede, Dios no puede equivocarse tanto, o llueve o no, o somos guardados o no, la cuestión es que el terremoto vino, con todas sus desastrosas consecuencias, ¿pero cuánto de responsabilidad tiene la propia cristiandad en tales hechos? ¿Cuánto implica en el acontecer histórico y profético el que pequeñas comunidades a veces, ni siquiera se interesen en el bienestar de la otra que solo se encuentra a un par de cuadras de donde se halla la otra?


El drama del egoísmo y el individualismo en el que ha caído la propia cristiandad, tiene obviamente implicancia, en todo el acontecer, hoy día no hay reflexión al respecto, solo se habla de ayudar a los que están mal, pero no hay una reflexión por parte del cristianismo con respecto al rol que debe jugar La Iglesia de Cristo en tiempos que, pareciéramos estar al borde de un colapso mundial, y acaso, ¿no es eso lo que estamos viviendo? Podría dar una lista enorme de textos que dan a conocer la condición no solo de la humanidad antes de La II Venida de Cristo a la tierra, sino que también de la condición de la cristiandad entes de ese magno evento, no obstante, si un ministro de Dios dice y enseña a su congregación, que el deber de todo cristiano en un tiempo como este reside, solamente en, asistir a los “cultos de poder y predicación”, evadiendo el gran mandamiento de ir y predicad el Evangelio a toda criatura y de aceptar las otras demandas inherentes al Llamamiento divino, entonces de qué estamos hablando, tal ministro miente, descaradamente, porque como cristianos insertados en una sociedad como la nuestra, es mucho lo que se nos demanda, mucho lo que debemos hacer, pero ciertos ministros ignoran con una soberbia atroz, la importancia que puede tener el que una hermana por ejemplo, asista a un centro de señoras y afecte con ello la vida de tantas personas, en especial de mujeres que en esta sociedad han sido humilladas y pasadas a llevar no sé cuántas veces en sus derechos, allí, el mensaje de La Cruz es fundamental, allí, lo que es inocuo dentro de un templo, puede salvar vidas, redimir corazones, cambiar vidas que no tienen ya un Norte. Pero ello, ¿qué importancia puede tener para esta nueva casta de vagos que desde una dictadura televisiva y virtual pretenden estar evangelizando las mentes de los siempre predecibles creyentes? Desde luego que ninguna. El espíritu avaro en el que la predicación se está administrando, promueve el materialismo en todas sus formas, descarta la importancia de contar en una congregación por ejemplo, con la vida de un pescador o un carpintero convertido al Señor Jesucristo, y en su defecto, han implantado en el corazón del pueblo apóstata, la idea de que es necesario llegar a los profesionales, arquitectos, doctores, ingenieros o abogados, para que la estirpe del cristianismo evangélico, pueda enarbolar al fin su gran logro materialista y así, no sentir vergüenza por contar en sus filas con hombres cuyas ropas traspasan el olor a mar, o a las maderas con las cuales debemos lidiar a diario quienes trabajamos en este muy honesto rubro. ¿Cuál es la gran importancia que tiene entonces para estos grandes ministros de la fe actual, contar con esta clase de membresía? ¿Con qué parámetros se mide si un hermano es o no importante para el servicio al Señor? ¿De qué ha servido para la cristiandad materialista y carroñera el ejemplo de Cristo? ¿Su discipulado en qué queda? ¿Su austeridad, es o no considerada por los grandes emisarios de la fe comercial? Es obvio que no, es obvio que nada de ello
tiene la menor importancia, ¿de qué podría servir el ejemplo de un hombre que ha conocido a Cristo en medio del mar en una noche de tempestad? ¿Cómo podrían las manos de un trabajador hablar a la conciencia del un cristianismo tan arrogante como el actual?


Realmente estamos en problemas, no queremos aceptar que el espíritu de Jonás ha despertado con inusitado ímpetu, el gran pez nos aguarda, puede que sean más de 33 los que se encuentren debajo de esa montaña de tierra y de rocas, muchos más, miles tal vez, tantos como para pensar en una estirpe, en una arrogante y soberbia forma de aceptar la realidad como si no nos tocase nada de ello. Pero el carácter de los hombres postreros, utilizado solo para medir al mundo sin realidad de Cristo, pasa a convertirse en un serio panorama profético que dibuja con exactitud suiza, el verdadero estigma que rodea a la cristiandad actual, es inevitable, La Palabra no miente, los cobardes tienen sus propias explicaciones para no sentir que la tierra comienza a movérseles, pero los honestos, saben que el tiempo no es bueno, que en algún momento la ira de Dios descenderá como nunca la hemos conocido, solo porque los hipócritas no han sido capaces de pedir perdón, porque les ha faltado hombría para reconocer que nos equivocamos, que no siempre tenemos la razón, que con el poder que les otorga la capacidad material, han sido capaces de arrogarse derechos que nunca Dios les otorgó, dejando en la más absoluta indigencia a los verdaderos hombres que Dios ha levantado en este país para proclamar Su Evangelio. Por ello es que cuando tengo la fortuna de ir a alguna población, ya sea en Santiago, Rancagua, el mismo Valparaíso, o donde sea, advierto una constante, y es que muchos buenos cristianos, a fuerza de mucha convicción y dolor, han sido capaces de permanecer fieles a Dios a pesar de todo, y por lo tanto, son un crudo y real testimonio de cómo el poder de Dios es capaz de romper con prejuicios y limitaciones que los paradigmas de la flojera espiritual actual, simplemente ignoran.


Todo lo que hacemos o no, tiene entonces, profundas repercusiones en el sistema de vida que llevamos, cualquier explicación carece de valor en el campo de La Palabra de Dios, somos una Nación dentro de otra, no estamos para vegetar poseyendo una verdad como la que se nos ha implantado en nuestra conciencia, el cristiano tiene deberes implícitos en su Llamado, deberes que obviamente han sido evadidos para dar a luz una forma de evangelio templista y cómodo que no afecta en lo más mínimo a la sociedad en la que vivimos. La importancia del templo ha suplantado cualquier matiz bíblico, para nada se explica que el verdadero templo en donde habita el Espíritu Santo, es el corazón del hombre, el Ministro de Dios que accede a esta forma de Evangelio, suele capitalizar materialmente toda la bendición, y por lo tanto, el cristiano no advierte el gran Llamamiento que a diario le hace El Señor para que se disponga a servirle, así, cada día afectamos, negativamente, con nuestra soberbia e indiferencia, uno de los mayores propósitos que tiene la traída de Cristo a la tierra por segunda vez, juzgar la conciencia de un cristianismo soberbio y altanero, cuando en la realidad, todos deberíamos estar una constante búsqueda e inmersos en los plazos que La Palabra de Dios revela, antes que el gran momento del arrebatamiento sea una completa realidad. Este espíritu que hoy gobierna a la cristiandad, solo me confirma que el concepto aprendido gracias a la fidelidad de unos pocos que se mantuvieron fieles en días de la apostasía de Israel, es una realidad, porque el mismo Señor cuando aparezca, será el encargado de sacar al Remanente del mismo modo como un día Él, con señales poderosas sacó a Su Pueblo Israel de la tierra de Egipto, que para nosotros prefigura el sistema en el que estamos viviendo. Yo tengo la convicción pero absoluta que así será, no tengo dudas de que de un momento a otro, toda esta casta de rufianes que se han apoderado de la fe cristiana, tendrá que pagar por su incredulidad y mediocridad, y que por supuesto, como siempre, Dios tendrá misericordia de su pequeño remanente. ¡Así ha dicho Jehová!

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