Tuesday, November 30, 2010

El Luto que Chile no quiere vivir ni comprender.






















¡Y la tragedia llegó! La carretera no es todo lo que nos han dicho que es, segura, que cumple con todos los estándares internacionales, etc., fueron muchas vidas las que se perdieron, y no sabemos aún si otras se perderán con el pasar de los días, sin embargo, ese día 23 de Noviembre de 2010, quedará en la memoria de todos los chilenos, como uno de los más dramáticos y dolorosos episodios que nos ha tocado vivir.

La reflexión nos lleva a pensar de inmediato, en cada una de las vidas que se perdieron, en las historias de cada una de esas personas que ese día fueron partícipes de ese trágico accidente que hoy enluta, una vez más, a toda nuestra nación. Uno piensa en el valor de una sola vida, en lo que le incumbe como cristiano, no obstante, las palabras no son fáciles de sacar, porque uno se va para adentro, pensando en todas las variables que pudieron haberse conectado para que las cosas ocurrieran como todos ya las hemos conocido, aún así, no hay respuestas posibles, el alma debe transitar por una especie de encrucijadas que no te dan ninguna clase de posibilidad, lo que ese día ocurrió, tal vez nunca lo vamos a saber, nunca lo vamos a llegar a comprender, por lo tanto, tendremos que aprender a vivir con todo este dolor dentro, aunque el costo sea elevado, no podremos seguir viviendo como si nada hubiese ocurrido, porque hacerlo de ese modo nos deja muy mal parados en esta vida, nos hará ver como seres indiferentes, como personas que carecen del más mínimo sentido de la compasión, así que, deberemos comenzar a armarnos de otro modo, a aprender a caminar con suma humildad, entendiendo que ese día bien pudo haber sido cualquiera de nosotros el que tomase ese Bus, pensando que todo habría de suceder sin sobresaltos.


Yo, como cristiano, he tenido que orar y reflexionar mucho para enfrentarme a estas realidades que a diario nos acechan, son tantas y de tan distintas maneras que no alcanzamos siquiera enumerarlas o cuantificarlas, lo inobjetable es que la vida humana, tan valiosa y frágil a la vez, pareciera estar en medio de un constante peligro, por la clase de vida que llevamos, por el apetito voraz que como sociedad nos consume y nos destruye, dejándonos en una especie de orfandad en la cual pocas veces damos a Dios el lugar que corresponde, así la vida que estamos viviendo, nos va encasillando y conminándonos a una forma de subsistencia en la cual, la vida que representamos o deseamos vivir, poco o nada de valor tiene para la inmensa mayoría de procesos que vive la sociedad en su totalidad, paradojalmente, la humana disidencia ya no tiene valor ni sentido, tampoco las humanidades que representan esos miles y millones de rostros que pasan frente a nosotros en cualquier parte de este desolador panorama mundial, el respeto por la vida humana es casi nulo, en una esquina el automóvil de un descuidado conductor es capaz de traspasar las líneas que protegen a los transeúntes sin tomar en cuenta si alguien va a cruzare de repente o no ese espacio, más allá, ni siquiera un semáforo en rojo detiene a un loco automovilista que no entiende que dentro de una ciudad la velocidad debe reducirse al máximo. Nada parece estarnos hablando a la conciencia, todo nos rebota, nada logra quedarse dentro de nosotros como para hacernos meditar, como para quebrarnos y hacernos comprender el valor no solo de nuestras propias experiencias humanas sino, en la de todas las que nos rodean y de la cual también formamos parte.

El ser humano de hoy entonces, parece estar construido de otra clase de naturaleza, no oye, no respeta al prójimo, pero ello no ocurre solo dentro de los casos que he nombrado en esta reflexión, como lo he venido planteando hace mucho rato ya, es la sociedad, como un todo, la que se encuentra tambaleándose, el no aceptarlo así sería una buena elección, por lo cómoda, por lo poco comprometida, sin embargo, desde hace mucho rato que uno viene oyendo a la gente hablar acerca de las ineptitudes de nuestros dirigentes políticos, ellos, los que han sido elegidos por el pueblo para que la democracia funcione, no son mejores que nosotros, en ningún caso, y ganan mucho por lo poco que hacen. Las distintas herramientas con que cuenta la sociedad para protegerse también tienen mucho que decir al respecto, ¿pero qué pueden decir aquellos que se han sentado en el Derecho y en la Justicia y han violado a cientos y cientos de niños en todo el mundo haciéndose pasar por santurrones? ¿Qué podrían aportar ellos con su toda su porquería? El colapso es total, una sociedad que no entiende el valor de una sola vida jamás podrá comprender el valor de muchas vidas que se pierden en un mañana de Noviembre, ustedes seguirán viendo recitales de grandes monstruos del Rock en Chile, nos visitarán por mucho tiempo más, Animal Nocturno y toda esa ciudadela de matinales sin sentido que nos ofrece la miseria televisiva de nuestro país, seguirá inyectando de estupidez junto a otros programas de televisión el alma del Chileno, de este modo nuestra conciencia perderá la capacidad para recordar, nombres, fechas, formas, olores, vidas, existencias, transfiguraciones, metamorfosis obligadas, resurrecciones, en fin, toda una seguidilla de actitudes y caracterizaciones que forman parte de la vida humana, y las cuales, simplemente ya no parecen tener valor. Dormida nuestra conciencia habrá de dejar pasar el tiempo como si nada, como si las cosas nunca fueran a cambiar, en esa actitud, todo se desplomará sin que nos demos cuenta de la responsabilidad que nos concernía, como cristianos, como seguidores de un Cristo que no soporta la indiferencia como norma de vida, todos tendremos que dar cuenta entonces de lo que nos pasa, de lo que aceptamos y nos quisimos hacer para cambiar el sentido que le dimos, en tal situación, el panorama vuelve a ponerse oscuro, no hay modo de evitar que la suerte cambie, Colombia, Venezuela, Brasil, Haití, México, Argentina, Europa, el mundo entero ha de entrar en una forma de existencia que solo aparecía como un croquis en las páginas del viejo libro.


La tragedia mayor para nosotros entonces, está en no comprender el por qué todas las cosas han sucedido de esta forma, el no poder capitalizar, el no lograr entender que la vida humana merece todo nuestro respeto, y que por ser parte de esta misma vida, deberíamos retraernos para darle a esas vidas el lugar que corresponde, aunque ya no estén con nosotros, aunque el destino haya querido arrebatarlas de nuestros espacios, del de todos sus familiares, sus amigos, de esas personas que tampoco entienden por qué alguien como ellos les fue arrebatado. Para comprender entonces, deberíamos hacer mayores esfuerzos, deberíamos comprometer más nuestra humanidad, la personal, la de cada uno de nosotros, deberíamos hacer un esfuerzo por callarnos un buen tiempo, apagar nuestros equipos de sonido y dejar de un lado el reguetón para dar lugar a la reflexión, solo allí, en esa instancia de plegaria que nos ofrece el silencio, podríamos comenzar a entender de verdad lo que es el LUTO, antes no, porque todo lo demás que nos espera, sigue siendo lo mismo de siempre, la jarana, el carrete, la fiesta, porque de eso se ha construido nuestra sociedad, de pasarlo bien, de no dar importancia a nada más que al futbol, de hacer como si las vidas que se pierden en nuestras tragedias, no sirven nada más que para amenizar un poco las conciencias cauterizadas de todos estos seres que creen que nunca les va a tocar a ellos.


El olvido, esta forma de amnesia colectiva que nos afecta a todos por igual, parece estar ocupando todos los lugares, todas las instancias, de ser así, quedaremos atrapados en medio de un presente que parece estarnos enjaulando en una especie de inactividad frente a situaciones que nos demandan mucho más que una plegaria, la arrogancia de creernos inmortales, de que sin Dios podemos funcionar, provocará entonces uno de los mayores colapsos en la historia de la humanidad, un colapso que terminará por destruir la raza, o lo que queda de ella, y lo peor, que no nos habremos dado cuenta de ello, porque seguiremos viviendo vidas predecibles, le seguiremos creyendo a los políticos que dicen estar haciendo sus mayores esfuerzos para que la salud y la educación del pueblo, siga siendo su mayor objetivo, aunque en los servicios públicos de salud nada cambie, aunque, a pesar de los anuncios de una “REVOLUCIÓN” en la educación, la cosas sigan siendo tan iguales como han sido siempre, porque las cosas que nos suceden en nuestro país, no se cambian con revoluciones, cuando comprendamos que nuestros procesos merecen la atención de todos, desde los más poderosos a los más humildes, sin mediar ningún tipo de prejuicios, y nos comprometamos de verdad a cambiar desde nuestra pequeña pero valiosas humanidad, y aiempre con la ayuda de Dios, tal vez allí seremos diferentes, pero la traída de un entrenador Argentino para dirigir la Selección de nuestro Fútbol, en nada cambiará nuestra cultura acerca del valor del deporte en la vidas de las personas, todo ello es parte de un negocio inmundo en donde la gente es utilizada y el capital de millones que produce ese solo deporte, se lo llevan un par de imbéciles que no les importa un comino el valor del alma que nos duele a diario cuando vemos que en las calles de nuestra nación, muchos niños, adolescentes, jóvenes y personas en general, no cuentan con las herramientas mínimas siquiera para subsistir en medio de un mundo que se les muestra extraño y hostil.


Yo no creo en todo esta basura que nos venden los medios de comunicación, si creyera en todo eso estaría amnésico como muchos chilenos, pero sí creo en el valor del alma del ser humano, no creo en la petulancia de los seres que creen tener el remedio para todas las cosas, porque hay males que simplemente no tienen sanidad, como el mío, otros, si la tienen, como las desigualdades y otros males más nos aquejan y nos van destruyendo lentamente como el CÁNCER, solo que para sanar de esta clase de males, hace falta un coraje de mártir, un valor de héroe, como el de Luther King, como el del Padre Hurtado, como el de La Sor de Calcuta, como el de Pablo de Tarso, como el de Pedro el Apóstol, y muchos más que hoy solo sirven para recordarnos lo lejanos que nos encontramos de esa clase de humanidad , desprendida, constante, genuina, activa, tal vez, como las vidas de algunos de los que viajaban en el Bus aquella mañana, como la vida de aquella joven madre que solo el día Sábado había celebrado el cumpleaños de su hijita, y que en el reloj de Dios, su vida dejó de tener movimiento para convertirse en una luz, en una bella y eterna luz que desde ese mismo momento ha comenzado a iluminar nuestras existencias, desde lo más alto del firmamento, para que la podamos distinguir, entre todos los astros que brillan allí. Por eso, desde ahora, no miraré el cielo con los mismo ojos de siempre, porque mis ojos ahora se detendrán, ya no buscaré lo insondable sino, lo conocido, lo que alguna vez pude haber abrazado y querido, y que por esas cosas del destino, tarde aprendí a quererlas. Por ello le pido perdón a Dios, a la vida misma, por no haberme dado cuenta antes que la vida de un solo ser humano vale más que el fulgor de todas las estrellas en las manos de Dios, de haberlo comprendido antes, no hubiese perdido tanto tiempo en cosas que no tienen sentido, y que son muchas en esta vida, habría dedicado mucho más de mi tiempo a lo que sí tiene valor, a lo que trasciende, a lo imperecedero. Pero ahora, ahora que estoy enfermo y cansado de llevar esta pesada cruz sobre mis espaldas, ruego a Dios que las fuerzas no me falten, que la precaria salud que me acompaña, no sea motivo para que mis manos ni mis pies se detengan en lo que, aunque tarde, comprendí que era valioso, y que es, la vida de otros seres humanos, la vida de mi prójimo, al que ignoré por mucho tiempo, al que no quise ver, postrado tal vez, en la forma de un mendigo, en cualquier humana condición, como sea que fuere, la lección está aprendida, y por lo tanto, doy gracias a Dios, porque ello no me ausenta, por el contrario, todo ello me acerca más a Dios y a su creación, aunque la vida de los seres humanos valga muy poco en este tiempo, pero aquí, en mi corazón, ninguna de las vidas que se han perdido dejarán de tener sentido, muy por el contrario, el Luto, mi Luto, me permitirá continuar por este valle de lágrimas pensando que tal vez, no todo está perdido, que si queremos, todavía podremos hacer algo para salvar lo que se hay perdido, tal vez sea ésta, una de las mejores maneras de honrar la memoria de todos nuestros compatriotas que fueron arrancados de este mundo en aquella mañana de Noviembre. A sus familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, y gente en general que les importa este dolor, la Paz Bendita del Señor y la consolación que sólo viene de Él, y en Él, y solo en Él se transforma en Esperanza.

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