Friday, December 10, 2010

La Institucionalización de la mentira.




















Un cristianismo que ignora el sufrimiento, que no es capaz de enfrentar con valor la realidad que se le ha asignado, es una entidad inocua, cobarde, que esconde como un niño sus ojos para no percibir el peso de la realidad, para no ser afectado y proseguir sin problemas con su rutinaria adición al placer, aunque la verdad, fantasmal a veces, vocifere desde su exilio obligado, y nos haga una fuerte y categórica convocatoria a todos quienes aún persistimos dentro de esta desolación, a no quedarnos atrapados en un mundo ilusorio de sueños en donde las vidas, en forma de espectros, son guiadas hacia un destino siempre predecible que no se distancia en lo absoluto de las demacradas y esqueléticas propuestas de la fe comercial que rige a la cristiandad actual.

La verdad no es un objeto deseable, por el contrario, aún sabiendo de su existencia, preferimos observarla desde lejos, distante, de manera que no altere de ninguna forma nuestros proyectos personales, podría quemarnos. Esto significa entonces que la cristiandad toda, sabe lo qué es la verdad, y además, el peso que conlleva el asumirla, lo que vuelve a esta evasión, en una perversión, no obstante, la elección de conservarla siempre en una posición distante, lejana de nuestras vidas, hace que uno piense en el sentido de tal deserción, en las motivaciones que mueve a muchos Ministros de Dios y cristianos en general, a obviar la importancia de un valor universal tan trascendente como es éste. Pero la verdad, aunque no la aceptemos como tal, es intrínseca a la creación, estaba antes del principio en Dios, existía, es inherente a Su Carácter, rige por lo tanto, el acontecer universal de la creación angelical, material de los astros y la vida en general, incluido nuestro pequeño planeta plagado de mentiras o verdades mediocres, por lo tanto, no estamos hablando de la verdad concebida por filósofos o escritores de la antigüedad o modernos, la verdad que estamos proclamando, o mejor dicho, que debiéramos estar proclamando, es aquella que se personificó en La Persona del Señor Jesucristo, Él mismo dijo de sí mismo, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Es decir, el cristianismo debe su existencia no solo a la fuerza espiritual que le es impartida desde la Bendita Presencia de Dios a este mundo en donde subsiste, sino que además, a la existencia de valores intangibles como son la verdad o la justicia, todos elementos que ni Cristo, ni sus apóstoles, ni los propios profetas evadieron en el contenido de sus mensajes, solo hoy, con una realidad espiritual concebida en base a hedonismo y materialismo, nos hayamos con que la verdad es un concepto aislado de todo el caudal bíblico y profético.


Pero no es extraño que en una realidad como la de La Iglesia de Cristo en su versión Protestante, ocurran semejantes evasiones, muy por el contrario, es del todo normal que donde haya existido algún atisbo de verdad, las cosas terminen siendo relativas o simplemente el alma y el espíritu que movió a los precursores, se haya extinguido para dar lugar a un tipo de simplicidad que no admite, ni sus errores, ni su displicencia frente a la controversia que debiera provocar el ser contenedores y defensores de un valor semejante. Sin embargo, el creador de la mentira, Satanás, al parecer, no se ha quedado con los brazos cruzados, aunque parezca que él no tiene implicancia en estos asuntos, está claro que es él, y nadie más, quien ha proporcionado a la humanidad, todo tipo de ardides para que el hombre, incluido el cristiano por supuesto, no tengan ni siquiera un mínimo contacto con la verdad absoluta de Dios, es y ha sido parte de su estrategia desde el momento mismo cuando fue descubierto en el cielo en su campaña de desprestigio de La Persona de Dios, hasta su expulsión y final caída a este mundo, desde ese momento, no ha sesgado un segundo en su propósito de ver a los hombres enrostrando a Don el origen del mal, cuando, en la realidad, fue él quien con su soberbia, desertó de la autoridad de Dios, viviendo en su propia naturaleza, el triste destino de todos aquellos que no se someten ni aceptan la Soberanía del Dios Todopoderoso. Por ello es que tal vez, la proliferación de sectas y filosofías de corte oriental y de otras, y la misma pobre atitud del cristianismo frente a la realidad que nos urge, haya tenido una tan fuerte propagación en estos últimos tiempos en el mundo entero, y no porque los cristianos no sepan la verdad, no porque ellos no estén al tanto de los principios que mueven histórica y proféticamente la fe de los hijos de Dios, por el contrario, se divulgan, se explican, se predican, se exponen, se CANTAN, pero, en la realidad, ¿qué ocurre para que la cristiandad pase por alto todos estos enorme bloques éticos y valóricos, en qué se detiene? ¿Por qué deserta?


Puede ser que la verdad, desde un punto de vista filosófico, como ha sido tantas veces relativizada y expuesta de manera que la verdad divina, no tenga asidero, haya calado profundo en la propia realidad espiritual, proponiendo a la cristiandad, una apariencia de verdad más que la verdad propia e inherente que nos concierne o debiéramos estar defendiendo. De todos modos, uno se pregunta entonces, ¿cómo se defiende el cristianismo de ello? ¿Cómo enfrenta esta circunstancia? ¿Quiénes son los encargados de ofrecer la resistencia? ¿Los Predicadores? ¿Los Pastores? ¿Los cantantes como Marco Witt, como la Jazi Velázquez? – ¿Y dónde está el Ministerio Profético? ¿Dónde la Maestría? Reclamo para Dios en esta realidad, que alguien lo aclare y luego lo declare.

Allí se encuentran los problemas entonces, allí comienza el gran cisma que divide al Protestantismo mundial, cada uno luchando en su propia trinchera, Instituciones de lucro con letreros y máscaras de piadosos, los hay en todas partes dentro esta podrida realidad que no discierne entre el contenido del mensaje que Dios desea para este mundo y la manera en que debemos entregarlo. Allí pues, los tenéis, todo un conjunto de babeles al servicio de un sistema que le permite de todo mientras no aspire al bien mayor que es, aparte de salvar almas, confrontar las iniquidades del sistema, sin embargo, este mismo sistema religioso, fuertemente preparado para confrontar, según ellos, la mentira del mundo, no tiene problema en declarar que todos aquellos que disentimos con la mediocridad de esta realidad, formamos un conjunto de “resentidos”, y por lo tanto, no debemos ser oídos. Esa es, por lo tanto, la enorme y fuerte defensa que ellos presentan cuando, desde nuestras sesgadas y quebrantadas realidades, intentamos defender la fe histórica y profética de Dios, estamos acostumbrados a ello, se también que muchos, antes que nosotros, han quedado en el camino por hacer lo mismo que nosotros, otros simplemente, hacen como si no hubiese nada porque disentir con la jerarquía ministerial de La Iglesia de Cristo en su versión Protestante, esos son los más cobardes, los más temerosos, los más pusilánimes, pero estoy seguro que si habrá, y tengo la más absoluta certeza, hasta la Venida de Cristo, y dentro de este sistema, hombres y mujeres que no venderán su conciencia a la miserable propuesta de la prosperidad y sus perversiones, de eso no tengo en absoluto ninguna duda.


Todo esto y mucho más, conforma la gran muralla que el protestantismo nuestro y mundial, ha levantado para inmunizarse contra la autocrítica, contra las verdades supremas del verdadero evangelio de Jesucristo, no el que proclaman los cantantes y predicadores cartuchos que envenenan la conciencia del cristiano actual, por ello también, es claro que la verdad de Dios no puede entrar en las realidades espirituales, ni con proyectiles lanzados desde un avión, esto es lo que hace imposible, en tiempos como este, manifestar a la gente del mundo que existe, en torno a Dios, verdades absolutas e inquebrantables, desde todo punto de vista, por lo tanto, la evasiva de los propios cristianos actuales por no tener ningún tipo de confrontación en torno a la verdad de Dios con otros seres humanos, es lo que ha colaborado ostensiblemente para que el relativismo secular, se instale dentro de las realidades espirituales, exponiendo el contenido bíblico y profético, incluso el doctrinal, a las más diversas y catastróficas interpretaciones, lo que ha dado lugar en la realidad, a esta nutrida torre de Babel en donde cada cual dice estar representando o siendo interprete de La Voz de Dios. Esto por supuesto, es lo que a mi modo de pensar, permite, el que las nuevas filosofías ya no sean solo pequeñas expresiones de una diversidad real, sino, el claro aspecto de una realidad en donde el cristianismo con su fe pervertida, no ha sido capaz de abordar la problemática doctrinal y filosófica que le ha propuesto el dios de este siglo.

Uno reflexiona y trata de comprender el por qué los primeros cristianos se complicaron tanto con el Imperio romano y decidieron donar sus vidas a un sistema horrible en cual fueron martirizados y utilizados como antorchas humanas. ¿Eran menos conscientes los primeros cristianos del valor de la vida? ¿Acaso sus vidas eran menos importantes que las nuestras? ¿Valen más nuestras almas que las de ellos? ¿Quiénes eran más cristianos, ellos, o nosotros porque nadie nos persigue por creer en el mismo Cristo que ellos creyeron?


Y se pregunta además, ¿en qué se diferencia entonces ese cristianismo con el nuestro, somos más cristianos hoy día que ellos porque no sufrimos de la indigencia de no poseer un templo como ellos lo sufrieron? ¿Qué importancia le damos a nuestras convicciones? ¿Para qué creemos están estas convicciones dentro del planteamiento universal del cristianismo? ¿Quién determino que ellas ya eran solo de uso institucional y no confrontacional?

Es probable que creamos y sostengamos en el día de hoy, las mismas convicciones que ellos sostuvieron y defendieron en su tiempo, es más, estoy seguro que es así, sin embargo, el carácter con que enfrentaron al sistema fue lo que le dio a esas mismas convicciones, una fuerza increíble, una fuerza valórica que no los dejó inmunes cuando, el Imperio romano, guiado por verdaderos enfermos mentales, quiso obligar a los cristianos de ese tiempo a adorar la imagen del Emperador como si fuera Dios, ¿qué hicieron los cristianos allí? Respondieron con alabanzas, pero, a diferencia del cristianismo frágil de nuestra sociedad permisiva, dentro del Circo romano, solo allí tenemos claros antecedentes de sufrimientos de personas en torno al mensaje de Cristo, después, solo atisbos en el curso de la historia, hasta la aparición y consolidación del Imperio religioso que La Escritura llama en el libro de Apocalipsis, La Gran Ramera, La Puta romana, la ebria de la sangre de los mártires de Cristo. Es obvio entonces, en el plácido sistema actual, que existe manos negras, es obvio que hay mucha gente interesada en nuestro silencio, es irónico entonces para un cristianismo como el nuestro, el que toda la industria en torno al mensaje de Cristo, solo se centre en el amor y en lo que sentimos y nunca en la verdad, es una forma que han venido utilizando como práctica común, cantantes, predicadores y expositores en general, nunca atacan el factor confrontacional de La Palabra, el profético, aspectos invaluables simplemente han sido desarraigados del lenguaje universal del cristiano, el pensamiento hedonista de la prosperidad, arrasó con las verdades desgarradoras que claman desde las páginas del viejo libro para ser arrancadas desde allí y hacerlas vida en la persona de los propios cristianos. De este modo, la realidad circunstancial y valórica del cristianismo, parece estar en un estado de profunda crisis, con un problema así, difícilmente podrá con los problemas de la gente. La verdad por lo tanto, como un valor intrínseco de la medida del Amor de Dios, no está en condiciones de ser adaptada para presentar resquicios simplemente ridículos en torno a La Verdad bíblica, el hacerlo, constituye una de las más claras evidencias de que el espíritu apóstata que hoy gobierna al cristianismo mundial, ya está en completa vigencia, por ello es que debiera tener tanto valor dentro de nuestra realidad, el que un ser humano, un hijo de Dios, a pesar del costo que le asigna la conciencia podrida de la fe comercial, sea capaz de declarar La Verdad Suprema de Dios en toda su majestad, porque decir las cosas de Dios que son, en este mundo, como si no fueran, no solo rebaja el valor de tal mensaje, sino que además, deja sin respuestas claras y absolutas a quienes esperan de tal persona, una valoración de sus creencias que traspasen lo puramente amoroso y propongan una crítica honesta y directa a su propia forma de ver y entender el cristianismo, más aún considerando la condición de turbulencia y oscuridad que hoy enfrenta la humanidad toda debido a su extravío.


Aquí la cosa se complica un poco, se complica porque el cristianismo nuestro, con toda su desbordante propuesta de “ofrecimientos espirituales”, ha olvidado su responsabilidad ética para dar paso a una forma de verdad en la cual, no se juega absolutamente nada, ya que su mayor objetivo es el recaudo que le debiera proporcionar, en cuanto a ganancias económicas, el nuevo método de evangelización y discipulado en que se encuentra la mayor parte de las congregaciones denominacionales y de las otras. Es inobjetable entonces que el valor del alma humana y de su gran necesidad, pasa a ser solo una pequeña excusa dentro de este sucio sistema, para lograr definitivamente, embaucar con su prodigiosidad, a muchas personas que necesitan imperiosamente en este mundo, la única verdad que podría curar, sino todas, por lo menos gran parte de sus enfermedades, sicológicas, espirituales, materiales, del alma, etc., porque a la verdad, si este mundo está como está, gran parte se debe a que la cristiandad misma, no ha sido lo suficientemente capaz para abordar los grandes problemas que asolan a nuestra sociedad, desde el aborto hasta la homosexualidad, desde la delincuencia hasta las evasiones éticas más importantes dentro de todos los campos en donde subsiste nuestra sociedad. Realmente carroñero, salvajemente comercial, intrépidamente descontextualizado de las verdades bíblicas, pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?


Ahora con esto, no quiero decir que no exista personas dentro de este sistema, que no alcen la voz para declarar que el remedio a las enfermedades que tienen a la humanidad entera en la condición en que está, existe, por el contrario, lo que quiero decir es que, normalmente, y como ha sido hasta hoy, la voz de esos pocos que no se amedrentan con las sucias estrategias de los que no aceptan la verdad como un valor redentivo, tendría mucho más alcance en la vida de muchos cristianos y seres humanos en general si es que ellos, “los súper espirituales”, los etéreos del sistema religioso, no dejaran tan solas a esta clase de personas, por el contrario, los cristianos institucionalizados y férreamente guardados en sus islas de encantos y placer espiritual, pasan por alto la demanda ética del tiempo y del mundo en que vivimos, dejando en la más completa orfandad a quienes se atreven a derramar el desinfectante en las heridas putrefactas ya de un cuerpo herido y maltrecho por causa del dolor y la miseria con que debe enfrentar a diario la realidad. Todo indica que es más fácil dejar que otros sean capaces de hacer lo que todos debiéramos, por ética, hacer por este mundo, de este modo, cada día, cada hora que perdemos, va prolongando el dolor y el sufrimiento de la gente, la evasión no permite entender el valor del dolor nuestro ni del de los demás, dejando la realidad humana expuesta a estas nuevas formas de tratamiento del dolor con las cuales, el mensaje de la verdad evangélica y redentiva, simplemente se va extinguiendo.

La verdad por lo tanto, no es un valor para mantener en silencio o conservarlo guardado como una posesión nuestra puramente, por el contrario, un mundo en donde la religión institucionalizada y la sociedad toda se construye a diario en medio de una cultura que ha instrumentalizado la mentira, es necesario que la verdad sea expresada, más allá de las apreciaciones minúsculas de unos pocos, mucho más allá de los miedos moralistas de los siempre conservadores religiosos de turno, la verdad es un instrumento valórico que permite al hombre, liberarse de las conductas retrógradas con que siempre se haya amenazado en el campo de la vida espiritual y valórica, no obstante, la premisa bíblica nos deja bien en claro que la expresión de la verdad en esta realidad, no será bien recibida, ello es lo que quiso decir tal vez el Señor Jesucristo cuando proclamó que mientras estuviéramos en este mundo, tendríamos aflicción. Pero bueno, no es fácil, a veces no se encuentra el perfecto equilibrio entre lo que entendemos como verdad suprema de Dios y la verdad propia, entre lo que en algún momento Dios nos ha mandado a declarar y lo que la gente desea oír, allí el problema nos puede acarrear otra clase de dificultades que nos ponen en confrontación con un sistema religioso habitualmente empobrecido y lleno de prejuicios que no aportan a la liberación del cristiano ni del mensaje en cuestión. La pregunta que deberían hacerse los cristianos que no cruzan el umbral aún, y que a pesar de dos mil años de predicación de la verdad todavía viven con inmensas cargas de culpabilidad sobre sus espaldas, es, ¿de qué nos libera la verdad? ¿Con cuánta libertad debemos enfrentar a diario el peso de nuestras realidades? ¿Qué aspecto de la verdad es el que me proyecta con Cristo hacia una forma de vida que busca el paso a la eternidad?


La Iglesia Católica romana por ejemplo, sabiendo toda la verdad, la de Dios y de los hombres, ha entendido que la labor de custodia que le ha asignado este sistema, le obliga a hacerse de este valor como si fuera una posesión personal e institucional, se trata de un apoderamiento ilícito, dejando a la imaginación de sus corruptos interpretes lo que todos ya conocemos como religión católica apostólica y romana. Por eso es que ellos, haciendo uso de toda una infraestructura de programas televisivos y radiales con que el Vaticano intenta limpiar su imagen y cuestionar religiones que jamás hicieron tanto daño como el que ellos, tan solo en estos últimos años han hecho al mundo entero con la pedofilia, no podrán evadir el justo juicio de Dios, como Institución, como una organización de miedo, porque el poder ejercido en la historia solo por esta religión, en nada se compara con otras, la verdad un día ha de caer por su peso, por lo tanto, en algún momento, los mismos dardos con que ellos a diario atacan y destruyen la imagen de otras realidades espirituales en el mundo entero, se volverá contra ellos mismos, dejando a la prostituta romana en una posición indudablemente apocalíptica. Pero a pesar de su casi monolítica y apoteósica presencia en el mundo entero, ellos han tenido sus propias disidencias, sus propios detractores, no todo ha sido miel sobre hojuelas, el mismo Lutero, fue capaz de torcer la mano de la autoridad papal y ponerse en la brecha, provocando uno de los más fuertes cismas de la historia de La Iglesia cristiana, el cual produjo esto que hoy día llamamos “protestantismo”. Pero no fue Lutero el único, el monje de la orden de Los Dominicos, Jerónimo Savonarola, cansado ya de la vida licenciosa de los papas y su filiación con las riquezas mundanas, fue ahorcado y después quemado en una plaza pública por declarar a la Puta roma todos sus pecados. Aún así, aún contando con un prontuario histórico de asesinatos y de perversiones incontables y que solo ella ha sido capaz de ejecutar, ha sabido sobreponerse a la crítica y al peso de los hechos que forman todo un expediente delictivo en torno a su forma de entender la fe cristiana. Nada ha sido suficiente entonces, la verdad nunca ha podido penetrar completamente todo el murallón que los Papas, curas, Obispos, Cardenales han levantado para ocultar toda su corrupción. La pregunta entonces es, ¿qué ha hecho Roma, específicamente El Vaticano, con semejante ejemplo de impiedad? ¿Qué han hecho con los planteamientos valoricos y éticos de Savonarola? ¿De qué ha servido a los inocentes que asesinó y violó la Puta romana en el nombre de Dios y de su fe podrida bajo la condescendiente mirada de Obispos y Cardenales que han amparado a los degenerados?

¡Dios nos libre!


No obstante, aunque ustedes no crean, aún a pesar de toda esta miseria, siento mucho respeto por muchos buenos católicos que si nos han dado ejemplos dignos de imitar y que ni siquiera hemos tomado en cuenta, por el peso de la verdad que ello representa para nuestras vidas, por lo que deberíamos dejar para llegar a ello, por la enorme cantidad de tiempo que deberíamos invertir en nuestro cristianismo para alcanzar ese tipo de santidad o consagración, para hacerla más alcanzable, no obstante, si hay algo bueno en toda esa religión, no se debe a esa cantidad enorme de mala gente que dice estar gobernando las vidas de tantos seres humanos en el mundo sino, a los testimonios imborrables de personas como Sor de Calcuta o de un Padre Hurtado en Chile, aunque mucho de ello hoy día se haya convertido en un negocio, el caso es que esas personas, con sus abnegadas existencias, dejaron para el cristianismo protestante, un ejemplo imposible de borrar, así de fuerte, porque ellos, a pesar de su precaria salud, de sus siempre limitados medios para emprender cualquier empresa de esta naturaleza, fueron capaces de ponerse en el lugar del otro, porque ellos, a pesar de la fuerza con que sus opositores negaron la veracidad de sus intenciones, el ejemplo que dejaron se encuentra allí, a la vista de todos, palpable a un cristianismo que no advierte el peligro de quedarse estupefacto frente a una realidad agobiante y llena de contradicciones como la nuestra. Y todo porque ellos, sin mirar lo que perdían, fueron más allá del egoísmo propio, dejando para otra oportunidad sus proyectos personales, y eso, precisamente, fue lo que finalmente los catapultó como santos, no lo que dice la escuela vaticana, sino, el que siendo personas con toda clase de deficiencias como nosotros, no tomaron sus vidas como ejemplos a seguir y pusieron a Cristo en el centro de toda su motivación.

El cristianismo actual entonces, el nuestro, abstraído de verdades relevantes, construido de sensualidad, materialismo y hedonismo espiritual, adolece de amnesia, de una cruel y dolorosa pérdida de la memoria, solo si somos capaces de auto-examinar nuestra propia realidad, y además, poner sobre la herida el debido remedio, tal vez, y solo así, podremos emprender la realidad desde una perspectiva verdaderamente bíblica y profética, la negación de la verdad desde todo punto de vista, no colaborará con tal empresa, lo que a mi modo de pensar vendría a significar, que tarde o temprano, la intervención poderosa de Dios en nuestras realidades espirituales, será la más evidente demostración de que el cristianismo, así como va, no ha tenido desde hace mucho tiempo en este mundo, sentido ni propósito urgente con la humanidad que se pierde a diario en nuestras calles y vidas cotidianas.

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