Friday, January 28, 2011

Cuando las certezas se vuelven una forma de vida.















Cuando se tienen certezas en la vida, uno debe ser capaz de pensar que no todo ha de resultar como lo previó, pues vivimos en medio de un mundo que no acepta el que tus ideas puedan ir por la vertiente de al lado, o peor, contra la propia corriente, para ellos, solo existe una sola manera de hacer las cosas, una sola forma de manifestar lo que nos cuesta la vida defender, por ello existen los profetas, los Apóstoles, los mesías, los legisladores de nuestras conciencias, y de este modo, las instituciones, final concluyente de que no tenemos posibilidad alguna de plantearnos problemáticas que nos hagan mirar mucho más allá de donde acostumbra a mirar el común de la gente.

Para defenderse de todo esto hay que tener piel de cocodrilo, porque o si no, barren con tu vida, con tus propias experiencias, son capaces hasta de maldecirte vía Internet con tal que les hagas caso, así de fuertes son, porque entendieron que la vida no es de otra forma, aún con las inmensas renuncias y mediocridades con las que acostumbran a pararse en medio de este mundo, ellos, de todos modos, sacan fuerzas de donde no hay para enrostrarte en algún momento el que no les hayas hecho caso, y en cambio, tú te decidas a seguir adelante con tu honesta y siempre cuestionada existencia. Los castigos y maldiciones han llegado hasta mi mesa de trabajo, se están convirtiendo en un rito, yo, en medio de esta controversia, solo aspiro a continuar, hasta donde me den las fuerzas, nunca voy a volver a ver el mundo a través de los ojos de otras personas, ese error no lo voy a cometer jamás, bastó haberlo cometido una vez en mi vida para darme cuenta que nadie tiene el derecho de decirte qué o de qué modo debes vivir tu propia e irrepetible vida, aceptarlo, es renunciar a todo lo que nos está quedando, un poco de honestidad, algo que los humanos debemos defender con toda esa fuerza y riqueza que Dios nos dio.


Por ello es que ya, llegado los cincuenta, no aspiro a ser reconocido o algo parecido, no estoy para esos trotes, ya en mi juventud hice lo que creí era lo correcto para servir a Dios, pero ahora, que estoy viejo, enfermo además, no tengo las fuerzas ni la salud que se necesita para sobreponerme frente a tantas miserias que consumen a diario nuestro mundo, el peso de mi propia existencia no me lo permite. El peso entonces comienza a sentirse ahora en tus propios huesos, en cada una de las amanecidas que debes soportar porque los medicamentos te destruyen el estómago y no tienes cómo ponerte en la cama. Tu hogar, tu casa se convierte en un escenario, en cada rincón de ella vas dejando algún rastro de medicamentos consumidos o por consumir, tú no quisieras vivir de ese modo, no quisieras sentir dolores, pero eso es lo que te ha tocado, no puedes renunciar, aunque quisieras, por ello te vuelves intocable, te irritas con facilidad, no respondes como antes, cuando ni siquiera necesitabas leer o tomarte algún analgésico antes de conciliar el sueño.

Hoy día todo es distinto, un solo malestar te puede dejar fuera de carrera temprano en la mañana, ni los que están junto a ti pueden comprender, es que todo sucede dentro de ti, en cada uno de tus nervios, en tus articulaciones, nada es suficiente, todo será poco cuando llegue de nuevo el invierno, un solo resfriado puede llegar a destruirte, como el invierno pasado, del cual guardo, según la última endoscopia, una casi similar valla de calcio cristalizado ahora en mi garganta. Así, uno no puede entender cómo es que exista aún, con La Edad Media ya siendo parte hace mucho de la historia, gente dentro de las propias lides espirituales que no entienda tus dolencias, y solo se dedique a provocarte más y más dolor en donde aún no lo hay, ¿qué tipo de cristianismo practican aquellos que te maldicen? Yo no necesito más tragedias en mi vida, con las que vivo a diario en mi cuerpo es suficiente, aún así me doy ánimo para luchar, para no dejarme vencer, un poco para soñar, no he tenido la fuerza suficiente para tomar mi guitarra y volver a grabar, porque no puedo, no resisto, me agoto con mucha facilidad, lo he explicado en muchas ocasiones, no cuenten conmigo, yo les di lo mejor de mi vida espiritual cuando fui integrante del Dúo Sal, pero ahora, que me cuesta un siglo sobreponerme a todo esto, no tengo más opciones que la palabra, y estoy siendo honesto, yo no he reclamado a nadie nada, nada que pueda sacar de ustedes, mis medicamentos los compró con la colaboración de mi mujer, porque sin su ayuda ya estaría en otro lugar, por lo tanto, nadie me puede reclamar nada a mi, ya di lo que tenía, y si en algún momento volviera a cantar en las Iglesias, sería para mostrarles lo que siento y pienso en este instante y no para volver a recordarles lo que fui, eso es justo.


Aún así, muchos no entienden, ya lo he explicado en muchas ocasiones, no tengo las fuerzas que se necesitan para estar detrás de un Ministerio, menos con el egoísmo y el materialismo con el cual hoy día se están tomando las cosas de Dios, cuando comencé, las cosas no eran así, sin embargo, hoy día todo ha cambiado, y yo, debilitado como me siento, no estoy en condiciones de dar esta última batalla detrás de mi guitarra, estoy muy cansado de luchar hermanos, de enfrentarme a diario con algo que los propios médicos no han podido explicar, aún así, como dije antes, existe tiempos en que mi salud no es obstáculo para defender mis ideas, pero cómo me gano la vida entonces? No es fácil, llegado a esta edad, tener que dar explicaciones a los demás por lo que uno no es capaz de hacer, yo gané mucho sirviendo a Dios, grandes amigos, enemigos también, pero siempre respetaré el que alguna vez se me haya dado la oportunidad de servir a Dios detrás de un Ministerio como el que tuve junto a mi ex-compañero de canto, otra cosa jamás he pronunciado, solo he pedido se me respete el que no pueda representar la función que hace 20 años atrás defendí con todas mis fuerzas cuando aún no tenía ningún rastro de mi enfermedad en mi cuerpo.


Mi certeza entonces, es que Dios me de la fuerzas que necesito para ver crecer, si ÉL así lo quiere, a mi hijito Efraím, de dos años y medio, y que este nuevo hijo que esperamos, nazca sanito y venga a este mundo con la bendición de Dios. Así también, ruego a Dios que mi mujer sea guardada, que el nacimiento de nuestro nuevo bebé no le traiga ninguna complicación, que todo resulte en una gran bendición para nuestras vidas. También añado a mi hija Danielita, que ya tiene 19 años, y que gracias Dios, entró a la Universidad, ruego al Todopoderoso Dios que nada le falte para que siga estudiando. Sé que mentir a veces es de profesionales, eso lo tengo muy claro, conozco bastante a los hombres como para no entenderlo, pero yo no he mentido, en este trabajo he tratado siempre de hablarles con la verdad, no me he guardado nada, ninguno de ustedes se merece el que un hombre como yo sea capaz de mentirles, por el contrario, mis disidencias y críticas seguirán influenciando mi vida y mi trabajo, y por lo tanto, hasta el final seguiré luchando contra lo que creo está mal, Dios me dará las fuerzas cuando sea necesario, como ha sido hasta hoy, por ello no estoy aún dispuesto a renunciar, aunque me encuentre agotado, aunque me sienta sobrepasado.

En rigor, yo no me creo nada más de lo que soy, la conciencia que he adquirido debido a la enfermedad, mi propia conciencia, no me permite avanzar en el campo de las vanidades, es decir, me enfrento a la vida con lo que tengo, si debo naufragar, así será, pero aclaro, de todas esas cosas me ha guardado Dios, y si Él, en Su Bendita Voluntad, ha querido que yo haya llegado hasta aquí de este modo y con este tipo de certezas, siempre le voy a estar agradecido, agradecido por darme la confianza y el valor de creer que sin Él, en medio de este mundo, nada somos.

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