Thursday, January 27, 2011

La Perseverancia como una herramienta de disidencia.






















Sé que en nuestra escuálida y poco original realidad espiritual, poco importan los creativos, sé que el camino elegido por los seguidores de modas abyectas, es mucho más fácil y predecible, por tal razón, convengo en que el haber dado punto final a mi último libro de poesía, no será motivo de abrazos o derramamientos del espíritu, por el contrario, el silencio indiferente en el cual pretenden dejarnos enterrados los presuntos defensores de la verdad profética mientras dure esta esperanza, fue el contexto en el cual di crédito, nuevamente, a todas estas imágenes poéticas que intentan, desde una realidad oceánica, describir, con todas las posibilidades que ofrece el verbo en mi garganta, el como esta realidad llamada “espiritual”, asesina y sepulta a sus creativos para luego continuar, como si nada, en esa miserable condición de autores y cómplices, siguiendo los rutinarios senderos de la cotidianeidad sin percibir, en medio de toda esa espantosa circunstancia, ni el dolor de los que caen, ni el más mínimo sentido de la compasión por los que, sufriendo, son capaces de colaborar aún en la construcción de la conciencia espiritual.


Así, voy lentamente, pero a paso seguro, demostrando que toda esta fábula de construcciones espirituales y evangélicas, no son nada más que un proyecto anticuado y americanizado de cómo no debemos ver las cosas de Dios. El modelo, en tal caso, ya colapsó en la madre patria de los consumidores de tales experiencias, aunque todavía subsistan los testarudos, los apáticos, los disolutos, todo hace prever que nada hará cambiar a los sexagenarios desmanteladores de propuestas contextuales, se quedarán allí, por mucho tiempo, obstaculizando el camino, eternizándose para evitar el cambio, el quiebre tan esperado, no será fácil hacerlos cambiar de idea, por nada del mundo accederán a reconocer que han estado equivocados, que muchos en las calles de nuestra patria han de perderse simplemente porque faltó la creatividad. Para reconocer tamaña equivocación, habría que pedirle a los siempre costumbristas gozadores del poder y esas patrañas, que callaran, que por una vez en la vida, tomaran asiento, o mejor, que salieran de vacaciones, que se fueran lejos a disfrutar de la bonanza material que les trajo esta putrefacta realidad de la Prosperidad.


Me alegro por tanto de mis logros, con ellos, he pretendido construirme de tal forma que la miseria televisiva no consuma ni tenga cercanía con mis propias ideas, que por ser propias, debo protegerlas, por ello es que no escribo canciones todos los días, no grabo un CD cada mes, elijo bien las palabras, selecciono mis temas, no pertenezco a esa basura de sentimentales que no asumen el costo de sus propios errores y viven lloriqueándole a Dios, como si por ello fuera Dios a bendecirles porque ahora sí lloran, porque cuando tienen la soga apretándoles el cuello son capaces de mirar al lado y darse cuenta que este mundo apesta. En esa clase de mediocridad yo no tengo nada que ver, hace mucho tiempo atrás dejé que la propia vida me enseñara y corrigiera los errores que alguna vez cometí, ya no necesito de predicadores para que me aclaren el cómo piensa Dios y que me va a ocurrir si es que no le hago caso al pastor, ese tema, está superado, ya prácticamente nada va quedando de aquella figura, sensible, altruista, permisiva, me he vuelto yo mismo, y en eso, Dios tiene mucho que decir, pero no quieren escuchar, porque simplemente leen libros de personas que jamás conocieron, porque escuchan predicaciones de personajes que jamás hicieron ni las camas en donde duermen, por ello, y por muchas razones más, no concuerdo con muchos de ustedes.


Vivo por lo tanto, en la cresta de la ola, balanceándome, columpiándome, poniendo en riesgo mi existencia por cada palabra que he dicho, en una canción, en un escrito, en mis conversaciones, solo así podré saber si finalmente hemos sido creados para conocer la verdad de las cosas por nuestros propios medios, o porque simplemente Dios desea que las veamos y conozcamos a través de otras personas, como un gran Profeta o un gran Apóstol, que se lleva así de rápido lo que te cuesta parte de tu vida y de tus esfuerzos para ganártelo. El profesionalismo está de moda, la sensualidad es una herramienta aceptada y en uso, aunque en todos los muros de nuestro país se encuentren escritas las palabras de los profetas, muy pocos advertirán el peligro, muy pocos se atreverán, el abismo entre, hacernos responsables de nuestro propio cristianismo y dejar que otros manipulen nuestras vidas, puede ser fatal para aquellos que nunca han tomado decisiones temerarias con sus vidas, y siempre están a la espera de que alguien les lance una migaja desde alguna tribuna hecha de madera. Por tal razón, el camino que me ha sido asignado, con todos sus evidentes obstáculos, seguirá siendo un desafío, una nueva oportunidad para expresar lo que sentimos y queremos de esta vida, nadie puede hacernos creer en este mundo, que por escuchar o creer lo que dicen otros acerca de Dios cambiará en algo nuestras existencias, porque los verdaderos cambios no proceden de estas circunstancias, ellos se originan en nuestros desacuerdos, en nuestros desaciertos, en nuestros desalientos, humanos por cierto, los cuales, con la poderosa ayuda de Dios, y solo de Dios, podemos trasformarlos en bendiciones, algunas imperceptibles, otras más evidentes, pero bendiciones al fin y al cabo, bendiciones que no llegaron a nuestras manos flotando con el viento, de todos modos, siempre seremos blanco de las interrogaciones y de las confusiones, allí es donde se encuentra entonces todo el capital que necesitamos para producir y producirnos, interiormente, como criaturas, como seres desprovistos de gloria, de fama, de reconocimiento, ello es lo que debe dar pie a nuestras más diferentes manifestaciones como el arte, como la música, como la pintura, como tantas y variadas formas que tenemos los seres humanos para manifestar y expresar lo que llevamos dentro.


Parados de este modo sobre esta frágil y angustiosa realidad, ¿quién nos podría aconsejar cuando los problemas acechan nuestras tiendas, quién podría parametrar nuestras existencias, el que vive colgado de los textos, el que no tiene tiempo para compartir, el que se acuesta temprano y no ve noticias, el que cree que todo lo ha conocido y es capaz de ordenar las existencias de otros? Por supuesto que ninguno de ellos, hay textos proféticos que alguna vez deberán hacerse realidad, aunque Cristo no haya aterrizado aún sobre este planeta, la enseñanza debe ser mutua, compartida, el acto de la palabra hecha vida, no puede estar para siempre secuestrada en las realidades omnipotentes de las instituciones religiosas, alguna vez deberán ser trasladadas al lugar que corresponde, a nuestros hogares, a donde están nuestras urgencias, la visión de Cristo, contenida y estancada por siglos allí dentro de los evangelios, es clara en cuanto a ello, "id por las aldeas, id por las calles, por los pueblos y las ciudades." Yo hice ese trabajo, hasta agotarme, aprendí de ello, pero no me quedé sentado para disfrutar de las bendiciones, no señor, he seguido una rutina de trabajo que me ha permitido llegar hasta este punto de la vida, lleno de encrucijadas, con una nueva propuesta, con nuevos trabajos literarios, con nuevos textos de canciones, etc., es decir, no he vivido de laureles ajenos, prestados ni anticuados, ello resultaría reconfortante para mi alma, tal vez ayudaría a calmar en algo la neuralgia propia de mis años y de mi enfermedad, pero una mente despierta como la mía, no tiene tiempo para tales reivindicaciones, carezco del tiempo y la paciencia necesaria para aguardar los cambios que podrían ayudarnos a aliviar un poco la carga, los cambios lo provoco yo mismo, con mi perseverancia, con mi forma de entender la vida, con mi manera de abordar la existencia, no pertenecer al ámbito de los predecibles cantores de alabanzas, me ha dado la oportunidad de detenerme en aquello que sí tiene real valor para mi vida, porque yo, en mi limitada humanidad, no puedo comprender cómo Dios, con toda su Sabiduría y Omnipresencia, solo pide que le adoren, y que toda la realidad en torno a Él y sus extraños caminos, se reduzca a ello, simplemente nos encontramos sin posibilidad de expresión, hacerlo puede ser interpretado de poco espiritual, de anatema, de apostata, por ello es que, llegado a mis cincuenta años, no quiero dejar pasar el tiempo pensando que a todo lo que me mandó Dios a este mundo, es a adorarle, a bendecirle, cosa que hago, en mundo interior, a cada momento, en cada lapso de mi vida, pero yo, como ente reflexivo, y viviendo además inserto en medio de un mundo lleno de cambios, estoy convencido de que a Dios, al mismo Dios que adoran todos ustedes, nada le va importar que este nuevo acto creativo, termine siendo un nuevo fruto de mi propia y casi ritual perseverancia, de lo contrario, tendrá que entender que la vida de un solo ser humano, inquieto como yo, no puede pasar por este mundo como si nada, como si el valor de lo cotidiano en nada nos afectara, contrariamente a ello, reconozco mis limitaciones, y si debo agradecer a alguien de haber llegado al final de este nuevo viaje que me ofrece la palabra escrita, es a Dios, por supuesto, porque soy un convencido de que Él, aunque lo hagan ver de otra manera, siempre estará de acuerdo con aquellos que son capaces de enfrentar la realidad, y que no temen a decir lo que piensan o sienten de verdad.


Estoy a las puertas de haber concluido entonces muchos proyectos en mi vida, este sin embargo, tiene un valor diferente, por su temeraria aceptación de la muerte, como un medio para alcanzar el destino eterno, como una forma para transformarse y completarse en lo que se ha entendido como sublime verdad, la resurrección en cambio, la que aguardamos todos, tal vez sea un concepto casi en vías de extinción para una sociedad arraigada en la materia y el consumismo, del cual ni los propios cristianos escapamos, no obstante, el crédito será para quienes se atrevan a despertar, a quienes sean capaces de aceptar la muerte, instigada como la de esta obra, o simplemente necesaria, como la de una enfermedad terminal. La muerte no es una mala defensora de nuestras ideas, para nada, en este trabajo se establece que solo el que muere será capaz de comprender el propósito de tener que resucitar, en otra existencia, en otro contexto tal vez, pero, alerta nuevamente al devenir de las mismas y casi imperecederas crueldades de un sistema que no advierte el peligro cuando se trata de ignorar lo que muchos simplemente no desean ni comprenden.

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