Friday, October 28, 2011

En medio de un mundo que a diario nos oprime.


Sin embargo, yo no vivo del aprecio ni de las indulgencias que ofrecen a elevados precios, todas estas personas que no se interesan en nuestras quebradizas realidades, tengo claro que sin Jesús, mi vida estaría perdida, como una sardina en medio del océano, por eso yo no voy a claudicar, no voy a detenerme ahora que los años han pasado velozmente por mi piel, tengo además, la responsabilidad de sacar adelante un grupo familiar, una existencia que por pequeña que sea para estos emisarios de la esclavitud espiritual, no deja de ser importante a los ojos del que un día, todo lo dio para que mis manos estuviesen siempre útiles, para moverse, para escribir, para no dejarse inmovilizar por la estupidez que cubre a nuestras realidades, muy por el contrario, tenemos que hacer los mayores esfuerzos para que podamos subsistir, aún sin haber recibido respuestas desde lo alto a nuestras siempre tan imperantes necesidades, el curso de los días que nos ha tocado vivir, nos indican que el tiempo de su Retorno está cerca, Pablo, EL APÓSTOL, no mintió, ni Juan, ni tampoco Pedro, ellos corrieron mucho antes que nosotros la carrera, señalándonos la ruta, no desertaron, y allí se encuentran hoy, no están detenidos como moscas en la historia, sino que habitan más allá de ella, más allá del firmamento que a diario aún podemos y tenemos la posibilidad de observar, y ellos, de seguro, desde esa infinita gloria que hoy día comparten junto al Rey de toda la Gloria, no desearían por nada que nos detuviéramos, no hermanos, a veces nos cansamos, agobiados nos llenamos de dudas incluso, pero aquello es algo pasajero, tan humano como el dolor, tan perfectamente humano como las propias dudas que nos sorprenden a diario, por ello es que luego de habernos desnudado por completo de toda nuestra limitada existencia delante de Su Bendita Presencia, solo nos queda esperar, aguardar la bendita promesa de Su Retorno, en medio de las grandes y poderosas dificultades que nos ha traído la forma de vida que estamos viviendo, con todas sus injusticias a la vista, sin ni siquiera intentando disfrazarlas para evitar el contacto con lo irremediable, una especie de oscurantismo moderno que ha traspasado incluso los propios linderos de la fe, así, y de esta manera, con todo el efecto del dolor imperando en nuestras calles, en forma de egoísmo, de indiferencia, de soberbias, Jesús, El Señor, no nos dejará solos, Él ha prometido permanecer a nuestro lado, acompañándonos, aunque pareciera que todo se nos viene encima, no obstante, de verdad yo lo creo, lo he vivido, lo sigo viviendo, todos los días, porque sin su ayuda en este mundo, estaría completamente perdido.

Es en medio de la enorme ciudadela de construcciones materiales en donde a veces he sentido fuertemente La Presencia del Señor, y no dudo que ÉL, con toda su imponente misericordia, intenta decirme que no estoy solo, que seguirá yendo conmigo a donde sea que vaya, que seguirá siendo nuestro mejor amigo de camino, que la soledad que a veces nos produce este enorme mundo de contradicciones, no es suficiente para sacar de nuestras almas algo tan extraordinario como su Amor, sin el cual, yo no puedo vivir, no podría, mi vida no tendría el sustento necesario para confrontarme con todas las cosas que nos hacen continuar en este mundo. Por eso, es a ÉL a quien debemos fidelidad, es a Él a quién debemos honrar con nuestro proceder en este mundo, por quien no debemos renunciar a lo que creemos, a todo lo que nos hace sentir que aún somos útiles en su eterno proyecto de Amor, porque todo lo demás, ha de pasar algún día, todas las cosas algún día dejarán de ser, pero su Amor, nunca, como dice mi pequeño Efraím, ¡nunca más!, Cristo es demasiado grande como para que en este momento podamos evadirlo, las cosas, sin embargo, no parecen mejorar para este mundo, es una realidad absoluta, indudable, palpable, sé lo que piensan muchos de ustedes cuando ven la lista de tragedias que nos traen los noticiarios, y como ustedes, solo atino a decir, ¡Dios, guárdanos de todo esto, que nuestros hijos sean guardados, que nuestros hermanos, repartidos en todos los recónditos lugares de este mundo, no se queden sin tu protección! No podemos solos con todo esto, necesitamos de ÉL en cada momento, en cada esquina de esta vida, en cada espacio en donde nos movemos, el peligro acecha, antes fue como un león rugiente, hoy día se ha mimetizado, y lo que parece ser verdad, puede que se trate de un engaño, como tantos que a diario tenemos la oportunidad de observar y de percibir, el peligro en tanto, nos acecha, constantemente, y a veces, no ponemos atención a ello, nosotros mismos enmudecemos el lenguaje de la conciencia que nos indica en qué momento o en qué lugar de este espacio infinito, puede que el enemigo vuelva a atacarnos. Pero a veces no deseamos saber nada de esto, preferiríamos otra clase de vida tal vez, una vida mucho más allegada a la que ofrecen los comerciales, light, de supermercado, de centro comercial, de manera que el dolor imperante en este mundo no llegue a tocarnos de ninguna forma, pero la vida de un cristiano no puede ser de este modo, lo sabemos, por ello, incluso con batallas prácticamente perdidas como hijos de Dios, tenemos un deber que cumplir en este mundo, y éste, es el de mantenernos fieles a Su Amor, a su misericordia, pronto, la Luz de Su Bendita Presencia inundará por completo nuestras vidas, allí, todo se habrá convertido solo en un recuerdo tal vez, en un recuerdo innombrable para nuestras frágiles conciencias, no lo sé, no lo tengo muy claro, lo único que sí tengo claro, es que Su Retorno es una completa realidad por lo menos para mi vida, para todo el anhelo de mi alma, que Las Escrituras no mienten, que nunca lo hicieron, los hombres sí, pero Su Palabra no, permanece para siempre.

Tal vez Dios aún no ha hecho muchas cosas con nuestras vidas, como las que yo he esperado y seguiré esperando hasta esta hora que Él haga, a pesar de aquello, como un hombre que soy, falible, inexacto, erróneo, creo que lo más importante ya está hecho, por eso estamos aquí, juntos en medio de esta enorme pero valiosa encrucijada, en una de esas esquinas en donde Alguien nos ha convocado a resistir, a través de Su Nombre, escrito y borrado millones de veces en el corazón de cientos y miles de seres humanos que pueblan este planeta, no obstante, sigue inspirándonos, alentándonos, acompañándonos, su Bendita sangre, la que fue derramada en el Calvario de la Cruz, sigue y seguirá siendo la mayor proeza de Amor que ningún ser humano haya podido experimentar jamás como lo hizo el Señor Jesucristo en aquél lugar, olvidado para muchos, desdeñado y puesto en duda, aunque nosotros, solo por nombrarlo, se estremezcan las fibras más íntimas de nuestros corazones y comiencen nuestras lágrimas a descender, una por una a través de nuestras mejillas, hasta convertirse en torrentes, en poderosos e incontrolables ríos de lluvias que no dejan de invocar en estas pequeñas realidades, ese maravilloso portento nacido del Amor de Dios y que se llama, Jesucristo. A ÉL entonces le debemos todo, todo lo que somos, no debemos sentir vergüenza por cada una de nuestras disidencias, es mejor doblegarse y caer rendido, rendido hasta el alma, hasta que las lágrimas no quepan dentro de nosotros y finalmente, sea su Bendito Amor el que nos haga retornar, a lo imperecedero, a lo que sin conocer aún, sabemos que es mucho mejor que todo lo que hasta aquí hemos vivido, por ello añoramos Su Venida, por eso seguimos soñando, creyendo y fortaleciéndonos, un día de estos puede que Él Retorne, del día aún no tengo claridad, pero si les puedo decir que tengo la más absoluta convicción que a pesar de toda la negación e incredulidad de este mundo, El Señor cumplirá Su Promesa, mientras tanto, no claudiquemos, no nos debilitemos, apoyémonos, orando el uno por el otro, comunicándonos el verdadero sentir de hijos de Dios, sin hipocresía, sin faltar a la verdadera vocación con que hemos sido llamados, todo lo demás no sirve, todo lo demás será erradicado, por completo, mientras, lo que esperan en Él, serán fortalecidos como el águila, y el último vuelo ya no será para abordar la muerte en esa soledad propia de esos seres extraordinarios, sino más bien, para emprender así, nuestro último e infinito viaje a ese lugar de donde nunca más volveremos a escapar.

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