Thursday, October 06, 2011

La humilde gratitud de un eterno luchador.

















No he podido redactar mis últimas reflexiones para compartir con todos ustedes, se debe únicamente, a un lapsus interminable que me frecuenta desde hace mucho ya, una estancia en el tiempo subterráneo de las enfermedades que no se puede quebrantar, ni siquiera teniendo a Dios como estandarte, allí te debes quedar, atrapado y hasta sin poder ejecutar los movimientos habituales, esos que te rigen de por vida y que te acercan a las más queridas y domésticas realidades. Dependo en este instante, de fuertes medicamentos que no me permiten trabajar, medicamentos que hacen colapsar mis músculos debilitados, estrangulando mi alma, mi espíritu incluso, al límite de tener que recurrir al cariño y fidelidad de un querido hermano y amigo mío en horas de la madrugada, para que, una humilde pero bendita plegaria, pueda escurrir por entre las nubes del alto firmamento y encontrar por fin, el oído de mi Dios, de mi alta Dignidad que rige mi mundo, quebrantado y herido, y de esta manera, encontrar la pausa necesaria para seguir creyendo en lo que siempre he creído.

No soy el mismo, me encuentro muy cansado, agotado de luchar en mi cuerpo cada día, los únicos momentos de fuerza que he tenido los he ocupado para mantenerme fiel a los afectos con los míos, para ello incluso he tenido que caminar por la ciudad, con toda esta enorme cruz separándome de todos, como un extraño, sin poder exclamar lo que estoy sintiendo, viviendo en lo más íntimo de mi alma, una extraña experiencia de amor con un solo Dios que me observa, que no quita sus ojos de mi, mientras, lentamente, me voy diluyendo entre las fuertes figuras de persona que ignoran lo que ocurre con mi ser. He aprendido a esperar, en todo este tiempo, las cosas en la vida suceden de un modo, y aunque uno no tenga la respuesta del por qué suceden de ese modo, uno debe ser capaz de humildarse y convertirse en un guerrero, hasta el final de tus días, así es como me he ido construyendo hasta ahora, aunque agotado, me despierto muchas veces en las noches, tantas como la propia incomodidad que me provoca esta enfermedad, me revuelco entre las sábanas, traslado mis cobertores a diferentes espacios de mi casa con tal de evadir un poco el dolor o el fastidio que me tiene al borde, y luego, después de una agotadora incursión en el mundo en que nos movemos, logro emancipar mi alma y mi espíritu y de pronto, como un milagro que desciende del más alto y constelado firmamento de Su Gracia, el sueño arrebata mis vertebras cansadas, impulsándome nuevamente a una especie de candor que solo Dios y mi mujer comprenden.

Ustedes son muy valiosos para Dios, por ello nunca escribí en este espacio pensando en conformistas, para nada, me atreví hasta esta hora a decirles lo que había en mi alma, por una enorme necesidad que tengo de comunicar y de acercarme a quienes creo, aman profundamente la verdad de Cristo. He sido objeto de críticas y hasta de burlas por ello, a los que así han procedido para conmigo, los he perdonado y les pido perdón, nunca está de más practicar la humildad, es el ejemplo más poderoso que nos dejó Cristo, pero a ustedes, que han perseverado en estas páginas, en la verdad que he tratado de traspasarles, intento en este momento decirles que aún podemos hacer mucho para que este mundo sea distinto, al menos en el corazón de nuestras vidas, que son nuestros hogares, el habitáculo en donde a diario convergemos y terminamos abrazados a nuestros seres queridos que en una fuerte y segura esperanza, se aferran a nuestras almas y a nuestros bellos sueños que aún, lo más cruel de este mundo, no logra sepultarlos ni menos destruirlos.

Me encuentro disminuido en mi aspecto físico, lo que me impide desarrollar cualquier actividad, espero la comprensión de cada uno de ustedes, espero también, sepan aguardar con paciencia en medio de todos los conflictos que hoy día asedian nuestras vidas, porque ni aún el más mínimo pensamiento ha de pasar inadvertido para Dios, de verdad, estamos en la mira de Dios, Él nos contempla con Misericordia, y por lo tanto, nuestras vidas no se encuentran a la deriva, hemos recalado en un puerto seguro, aquí se nos ha dado un itinerario para que las horas en que debamos esperar, los que tenemos algún tipo de enfermedad o impedimento para luchar, no nos desviemos en absoluto, y sepamos, con toda seguridad, que Aquél que un día nos llamó, sabrá llevar nuestras vidas a un final en donde esperamos, con toda la certeza de nuestras almas, verle en definitiva, esa es por lo menos la más clara convicción que guía mis instintos, es la convicción absoluta de saberme amado, al igual que ustedes, por un Dios que no nos olvida y permanece, hasta el final, aquí, junto a mi lado, junto a todos aquellos que permanecen fieles a aquél Amor que a diario nos prodiga con fuertes manifestaciones en el alma, por ello no cedo, por ello estoy decidido a seguir luchando con estos precarios medicamentos y no ingerir los que debería, para no perder este maravilloso instinto que me une a ustedes hermanos, amigos del alma, a los de toda una vida, a los que he perdido, a los que aún, con todas mis torpezas impulsando mis actos, permiten que mi voz, la que profesa esta inquebrantable esperanza con un canto de amor, aún no haya dicho la última frase, esa que tengo agarrotada en mi garganta y que espera, en un tiempo no muy extenso, poder expresarse para agradecer, a todos los que me han escrito y me ha llamado para ofrecer, en sus humildes realidades, esas plegarias que tanto han bendecido mi vida y la de mi familia.

Tal vez los hombres de Dios nos hemos equivocado en nuestra concepción de la fe en estos tiempos, es muy doloroso para mi darme cuenta que la bendición para muchos significa dinero, en tal caso, yo no tengo nada que ofrecer a Dios y a este mundo, sin embargo, tengo la más clara certeza, desde la perspectiva que nos brinda Su Palabra, que el Amor y la Bendición que muchos de ustedes han derramado y me han hecho llegar a mi vida a través de oraciones y la preocupación por mi persona, enriquecen de tal modo mi existencia, que tengo la seguridad que en un día ya muy pronto, volveré a tomar ese bello y costoso instrumento que me ha sido donado por un bello y entrañable hermano, para continuar la jornada que el Señor nos ha trazado, a todos los que forman parte de mi humilde ministerio. Quiero darles las gracias, a nombre de mi familia completa, incluidos mis padres, mis hermanos, etc., por las oraciones, es verdad que mi enfermedad no tiene sanidad para la medicina tradicional, no obstante, estoy seguro que en el alma y en el corazón de Dios, de nuestro amado y cariñoso Dios, existe un espacio para concebir el que una persona como yo, llena de defectos y de una humanidad como la mía, pueda recibir, en algún momento, esa sanidad que haría no solo de mi vida algo mucho mejor para servirle, sino también, para seguir luchando por los que forman parte de mi vida.

Aquí estoy entonces, ya no detenido como un barco en medio del océano, llevado sin saber por corrientes y vientos que soplan hacia donde uno nunca sabe, por el contrario, aguardo con humildad y mucha paciencia, todo lo que Él desee que aún yo pueda vivir solo para agradarle, y en esta condición, quiero que sepan que no estoy solo, ustedes me han dado el mayor y más bello testimonio de que el Cuerpo de Cristo, aún subsiste, aún en medio de todos los grandes dilemas por los que atraviesa la humanidad, por ello no me dejaré vencer así no más, seguiré lidiando con todas las fuerzas de mi alma, aún debilitado en mi cuerpo. Sean bendecidos con el cariño y afecto de este humilde siervo de La Palabra y del testimonio de la fe en Jesucristo. Mis hijos, mis hermanos, mis sobrinos, mis amigos eternos, todos estamos agradecidos por el cariño, y solo nos resta esperar, aguardar ese momento para retomar la bella jornada del canto que tanto bien nos hace a todos.

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