Thursday, August 14, 2014

Una forma de cristianismo sin solución.

Después de casi 25 días en cama, en esta oscura y fría tarde de invierno, día en que ya me siento un poco más recuperado de esta última crisis, tengo palabras de profunda gratitud para con todos los que al saber de mi delicada condición, nos han prestado toda clase de ayudas, desde oraciones, las que son sinceramente muy bien acogidas por mí y mi familia, hasta ayudas materiales, todo esto, unido al cariño con que mis amigos y hermanos en Cristo nos acompañan en este difícil trajín por la vida. No obstante, nuestra mayor gratitud, desde luego, la ofrecemos al SEÑOR, desde luego que sí, porque muchos cristianos, egoístamente y además, afectados por la filosofía imperante en este tiempo dentro de las propias filas del Evangelio, creen que un hijo de Dios, por el solo hecho de serlo, no debería enfermarse, y por lo tanto, tal condición, solo se debe a un castigo venido de parte de Dios.

Doy gracias a Dios entonces, porque no pienso como todo este enorme ejército de diabólicos seres humanos que hoy día forman parte del llamado “evangelio de la prosperidad”, porque según creo, desde que Dios nos echó al mundo, desde la caída, no solo la enfermedad existe, sino, toda clase de desviaciones y males propios de seres que se han alejado de la Voluntad de Dios, créanme, si yo no creyera en esta realidad, hace tiempo que habría desertado de la fe, sin embargo, todo el pesar que me provoca a diario este mal, con el inmenso costo que debemos sobrellevar como familia, opuestamente, me ha permitido reafirmar una vez más, que el Señor Jesucristo sigue siendo nuestro Señor, por sobre todas las cosas, y que Dios además, es nuestro proveedor, lo que no es menor, ya que el Ministerio de fe que Dios me ha dado, ha tenido en este tiempo, un verdadero florecimiento en lo concerniente al uso que Dios le ha podido dar, incluso dentro de una realidad que hasta puede jactarse de contar con todos los medios para adorar a Dios, como es la realidad espiritual evangélica chilena. De este modo, es como, con la ayuda de Dios, y solo cuando la salud me lo ha permitido, que he podido armarme de fuerzas y viajar muchas veces a la ciudad de Santiago, otras a Rancagüa, y a muchos y distantes lugares más de mi hogar, con el único fin de servir a Dios a través del sencillo Ministerio que muchos de ustedes ya de antes conocen.

Doy gracias a Dios por ello entonces, porque podría desertar, podría abandonar esta lucha y simplemente dejarme sobrepasar por esta extraña enfermedad, de modo que a Dios, y solo a Él, en estas pocas palabras, le doy toda la honra y toda la gloria, porque sin Él, habría decaído, me habría superado el dolor y el horrible malestar, y habría dejado de buscar Su bendita Presencia, lo cual, no se encuentra en mis genes, de ninguna manera y en ninguno de ellos, solo Dios sabe cuánto y de qué manera muchos de nosotros hemos tenido que padecer, y seguiremos padeciendo, por amor al que todo lo dio por nuestras vidas, a Él sea La Gloria y el Imperio.

Muchos cristianos en el día de hoy, no desean saber de hermanos con dramas como el mío, prefieren el éxtasis de lo grandioso, “lo inmensa y desbordantemente espiritual”, de manera que lo humano, lo que aún queda dentro de nosotros, simplemente sea ignorado, a la medida incluso de silenciar, si es posible, la vida y el clamor de muchos que debemos vivir en este mundo, con muy costosos y dolorosos tratamientos. En cuanto a la enfermedad que me aqueja, solo debo decir que Dios ha sido conmigo, de verdad, porque si bien la dolencia es aguda en su naturaleza, gracias a Él, he contado con la ayuda siempre a tiempo de hermanos (nas) y amigos del alma que me han proporcionado, en los más difíciles y duros momentos, todos esos  medicamentos que sin la ayuda de ellos, difícilmente habría podido adquirirlos, ello, aunque muchos no lo crean así, en especial los que se hallan pegados a la miseria de la prosperidad, también constituye en un milagro de Dios imposible de describir cuando se padece enfermedades de esta envergadura. Sin embargo, es claro que nosotros, como cristianos, aún no comprendemos la manera en que debemos tratar el sufrimiento humano, en especial, el dolor, tanto el intangible como el que no vemos, solo cuando la enfermedad nos sobresalta, solo cuando ella surge y se queda por algún tiempo en nuestras vidas, solo allí, podemos tener una clara y certera visión del enorme significado de nuestras dolencias, y por lo tanto, del sufrimiento del ser humano, de la dimensión y de la importancia que ha de adquirir en la vida espiritual de alguien que se haya afectado por una dolencia que no le permite hacer siquiera una vida normal. Es en este punto crucial de la existencia humana, como experiencia propia lo digo, cuando el alma y el espíritu humano, tienen la más transcendental oportunidad de acercarse a una realidad de Dios absolutamente incomprendida por la generalidad, porque es allí precisamente cuando, postrado por semanas, con tratamientos doloroso en un Hospital, el ser humano busca, intensamente una realidad Superior que le permita sosegar o calmar el alma, y de esta forma, aceptar en primer lugar, que la enfermedad es parte de nuestro proceso como personas en esta tierra, y en segundo lugar, que Dios, como un Ser Espiritual, nos ha de acompañar en todos los momentos en que nuestra vida se encuentre en peligro o en profundas y dolorosas circunstancias.

Aprendemos por lo tanto también a sufrir, pues muchos de nosotros nos creíamos omnipotentes antes de llegar a esta condición, lo cual, ya constituye en ganancia si se mira nuestra existencia humana, como un proceso de aprendizaje, por lo tanto, una de las cosas más grandes que he añadido a mi vida luego que la enfermedad me impidiera ejercer mi humanidad con la libertad con la que lo venía haciendo, es que nosotros, como seres humanos, no tenemos nuestra vida comprada, nadie puede jactarse de nada frente a Dios, ÉL, en su infinita Misericordia, no nos desampara, al contrario, nos permite entender que la dolencia de la enfermedad, si bien nos perjudica físicamente, moralmente nos enseña a humildarnos, a no tener un más alto concepto de nosotros mismos, de manera que al mirar nuestra propia condición, ello nos enseñe o nos capacite para también poder mirar la vida o la condición de otros. En tal caso, El Espíritu Santo nos hace altamente sensibles a quienes, de una u otra forma, padecen algún tipo de enfermedad, así que, si bien es cierto, estas cosas han sido totalmente erradicadas por La Doctrina de La Prosperidad, lo claro es que Dios sí tiene infinitas formas, como infinita es su Misericordia, de enseñarnos a ser mejores individuos, y de este modo, ser mejores cristianos, útiles a los demás, no indiferentes, sino, absolutamente sensibles al sufrimiento, cualquiera sea este. 


La experiencia con Cristo entonces, nos marca, profundamente en el alma, dejando en la vida de cualquiera que se atreve a pasar la prueba con Él, una muy inextinguible huella que hoy día, con toda una industria de soberbia y arrogancia sin igual en la historia, pretende el cristianismo sin cruz, erradicar de la realidad. La cobardía en tal caso, comienza a tomar forma, una muy evidente forma que a pocos centímetros de esa realidad, uno puede palpar sin siquiera esforzarse para discernir, yo no tengo dudas que así es, lo digo porque a diario Dios prueba mi vida en el sentido de que si yo, a pesar de la tragedia de la enfermedad, soy capaz aún de creer que Él me proveerá, a lo cual yo no tengo absolutamente ninguna duda, porque hasta aquí, junto a mi familia, no hemos vivido otra cosa que la misericordia de Dios, así que, en mi caso, con enfermedad, o sin ella, la fidelidad de Dios es absolutamente probada, como debe ser probada mi fe y mi fidelidad a Dios. Finalmente, todos estos parásitos que no desean personas con dramas en sus congregaciones, recuerden que el médico eterno vino a los que están enfermos, ellos, o mejor dicho, nosotros, los enfermos, somos los que tenemos la prioridad, lo que en la realidad no se puede distinguir dentro del Reino, ya que si habláramos de plata, es claro que la cristiandad no está apuntando precisamente a quienes tienen mayor necesidad dentro del Reino de Dios, sino, a la satisfacciones de las propias y muy materiales necesidades de quienes por LLAMAMIENTO, deberían ir en pos de los que sufren, para eso Cristo también trajo este Reino, de lo contrario, dejemos al mundo como está, todavía hay damas de verde y de rojo en los Hospitales sirviendo al prójimo.  La muerte es inevitable, todos vamos para allá, con o sin dolor, no obstante el Señor nos ha mostrado un camino mucho más creíble y honesto, preocuparnos por los que sufren, y no aportar con nuestro dinero en aquellas congregaciones que no tienen absolutamente ningún problema que solucionar en el campo de la enfermedad. Todos moriremos hermanos, es ineludible, y aunque muchos no lo crean o no lo acepten así, morir en Cristo también es una forma de adoración con la cual podemos ofrendar lo que hemos sido a Dios, evitar el sufrimiento de manera tan descarada y desvergonzada como lo establece la predicación actual, es un poderoso síntoma de que los cobardes no solo han aparecido en el Evangelio, sino que además y al parecer, han venido para quedarse con nosotros. 

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Que el Señor le bendiga mucho hermano, y que el sea torre fuerte en momentos de dolor y angustia.

Un abrazo!

7:49 AM  
Blogger florencio said...

Agradezco tus palabras hermano (a), agradezco al Señor por la fuerza y el poder con el cual nos sostiene en este mundo, sé que su Regreso se aproxima, estemos alerta entonces, preparémonos, no permitamos que este sistema nos adormezca, por nada del mundo.

En el Amor entrañable de Jesucristo.

Florencio Navarro

elrecolector

9:36 PM  

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