A pesar de La Palabra.

Entonces, no todo lo que se dice, incluso desde un púlpito, resulta ser Palabra de Dios. Existe una clara intención, por parte de los predicadores y cantantes del Gozo actual, que la gran masa de creyentes en Jesucristo pase por alto, o por lo menos no reflexione, en hechos puntuales que dan como señal, la orfandad absoluta y letal por la cual gran parte del cristianismo institucionalizado y jerarquizado, a penas sobrevive en su potente experiencia del gozo espiritual.
La Palabra de Dios, manifestada en forma literal y luego confirmada a través de los profetas del Antiguo Testamento, urge ser desarraigada como expresión única y soberana de la mente y del corazón del Dios vivo, desde las mismas profundidades en donde mantienen en total silencio a los verdaderos profetas de Dios para este siglo, porque no hay, y no existe dentro del plano de nuestras vidas espirituales, algo que pueda subrogar en importancia, todo lo que Dios desea que sepamos y comprendamos de Su Voluntad y Propósito en un tiempo histórico que no permite la reflexión y la libre expresión de la verdad. De tal manera, es que los tentáculos de la antigua horda católica, y ahora los propios de una realidad Protestante ensimismada y colapsada de fervor religioso, se hacen presentes en este tiempo sólo para confirmar, una vez más, que el espíritu ecuménico, fuertemente impulsado y concedido por la Puta romana, se encuentra más que vigente en nuestros días, y que la nube tóxica de los ya consabidos movimientos espirituales de avanzada protestantes, no permite a la multitud de creyentes definir, si lo que está en juego en estos momentos, va o no a alterar en algo el propósito de Dios para con sus vidas.
La Palabra de Dios, manifestada en forma literal y luego confirmada a través de los profetas del Antiguo Testamento, urge ser desarraigada como expresión única y soberana de la mente y del corazón del Dios vivo, desde las mismas profundidades en donde mantienen en total silencio a los verdaderos profetas de Dios para este siglo, porque no hay, y no existe dentro del plano de nuestras vidas espirituales, algo que pueda subrogar en importancia, todo lo que Dios desea que sepamos y comprendamos de Su Voluntad y Propósito en un tiempo histórico que no permite la reflexión y la libre expresión de la verdad. De tal manera, es que los tentáculos de la antigua horda católica, y ahora los propios de una realidad Protestante ensimismada y colapsada de fervor religioso, se hacen presentes en este tiempo sólo para confirmar, una vez más, que el espíritu ecuménico, fuertemente impulsado y concedido por la Puta romana, se encuentra más que vigente en nuestros días, y que la nube tóxica de los ya consabidos movimientos espirituales de avanzada protestantes, no permite a la multitud de creyentes definir, si lo que está en juego en estos momentos, va o no a alterar en algo el propósito de Dios para con sus vidas.

La Palabra de Dios, entonces, siempre ha sido el mayor y más importante recurso con que contamos nosotros los cristianos, para comprender y desarrollar el propósito, dentro de nuestras propias vidas. Debido a su carácter revelador, nos concierne saber entonces, con toda seguridad, si los elementos con los cuales se pretende dar a conocer un cierto ámbito de este recurso, cuenta con el apoyo que debiera, esto, debido a la poca profundidad con que hoy día se pretende defender o hacer apología de una experiencia que más que espiritual, parece ser parte de un gran organigrama comercial que no descansa ni permite a los opositores de tal experiencia, ni siquiera expresar las razones ni el fundamento de sus contradicciones a tal condición de fe y

El Sacerdocio, con toda seguridad, tuvo mucho que ver en estas circunstancia, Israel no estaba siendo dirigido por un dios cualquiera, por lo tanto, debía estar siempre atento a lo que Su Dios tenía que decir, de lo contrario, la palabra APOSTASÍA se convertiría en un modo de vida. Por lo tanto, no es raro que nos encontremos tempranamente, como en el primer libro de Samuel, un libro de los llamados históricos, hablando de la decadencia espiritual y moral de los encargados de la salud espiritual y moral de ese pueblo:
“Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová”.
(I Samuel 2: 12)

La Palabra de Dios coincide entonces, la efervescencia espiritual de la nueva fe protestante mundial, no ignora monumentales verdades bíblicas, las conoce totalmente, está al tanto de ellas, es que simplemente ha decidido evadirlas, no tomar en cuenta que una Nación de Dios, no se construye con cantos ni repeticiones de alabanzas sino, con conocimiento de Dios, y este, por La Palabra de Dios. “Escrito está”, así lo demandó y confirmó El Señor, así lo manifestó La Palabra hecha carne, La Palabra por sobretodos las cosas, pero no sólo una pequeña porción de ella sino, toda, toda la que Dios desea que comprendamos, toda la que Dios desea que hagamos como propia y por lo tanto, seamos responsables de ella. Dios, en tanto, no nos ha mandado en este


En tanto, la realidad institucional, la llena y saturada de pragmatismo, la que habla de cobertura espiritual, al igual que la podrida realidad de LAODICEA, deberá pagar por su incredulidad y su falta de compromiso real con los principios que mueven la fe cristiana. Su precaria y fantasmal infraestructura, no serán lo suficientemente fuertes como para resistir una auscultación o investigación del ojo divino, tal como ha sido profetizado en Apocalipsis, la economía espiritual y La Prosperidad material, que ha sido enseñanza obligada de los nuevos emisarios del parasitismo espiritual, y que en lugar de haber traspasado a Su Pueblo la importancia de Las Parábolas y enseñanzas del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, serán la base por la cual deberán dar cuenta de su condición de miseria y podredumbre espiritual. Nada ha sido escrito porque sí, ningún recurso en La Palabra de Dios que avale tales sentencias pueden ser objetados ni puestos

Pero no nos escapemos del tema, La Palabra que Israel oyó, ellos creyeron haber sido la autentica y única Palabra de Dios, tuvieron razones más que poderosas entonces para creer que no estaban lejos de lo que Dios quería para ellos, ¿qué pasó entonces?, ¿cómo es que fallaron a Dios?, ¿en dónde estuvo el problema? En primer lugar, La Palabra de Dios nos revela el verdadero Carácter de Dios, no el que el mundo, el sistema o el que el Diablo mismo quiere que creamos, sino, el único, el Santo, el Sempiterno, desde luego, muchos dirán que también ellos sostienen el mismo argumento y por lo tanto, no ven en ningún lugar las diferencias. Pero no olvidemos que Israel era La Nación de Dios, ellos estaban Llamados a ser Nación Santa, y un pueblo separado de los demás, no obstante, ellos pecaron, invalidaron lo que La Palabra de Dios les reveló de Su propio Carácter, para dar lugar a una forma, o realidad de dios, que en la práctica sólo ponía obstáculos para lo que ellos deseaban hacer en su obstinado corazón, de modo que, en su apariencia y manifestación externa de su realidad espiritual, no había duda de que ellos eran los ungidos y elegidos de Dios, sólo cabe reflexionar, al tener ellos o contar con el recurso de La Palabra y de la asistencia de Sacerdotes y Profetas de Dios, ¿qué probabilidad tenían de fracasar y echar por tierra los planes que Dios tenía con ellos? Sin duda que muy pocas, ínfimas, servir a Dios es uno de los más grandes privilegios que nos ha dado Dios a todos los hombres, sin embargo, el enemigo de Dios se las arregló para desautorizar en el corazón de los propios israelitas, lo que La Palabra de Dios alcanzó a revelar a sus vidas antes del desmoronamiento de La Nación de Dios.

Este ejemplo entonces, ¿no pone de relieve la importancia que debería tener La Palabra de Dios dentro de un sistema religioso que se jacta de ser todo lo que dice ser? ¿Qué estará revelando Dios al corazón de Los Magnates y Profetas de La Prosperidad material norteamericana y mundial, ahora que la crisis económica comienza a hacer sentir su presencia? No existe dos lecturas, podemos tener la misma Biblia, cantar incluso los mismos cantos, pero lo que hace la diferencia es el contenido, y por supuesto, lo que hacemos con ese contenido, del cómo utilizamos los recursos que Dios nos ha dado para destronar el orgullo de sementales espirituales saturados de placer y bienestar espiritual que en nada han aportado a la manifestación del Reino de Dios aquí en la tierra, sino por el contrario, favorecen con el ejercicio de una fe arrogante y podrida, el espíritu avaro y miserable con el cual, muchos y grandes seudo ministros de Dios en todo el mundo, prácticamente se han hecho ricos a costa del engaño. Ahí está el problema, ahí está la
